Hace 50 años: II Congreso de la JCM

Marcos Leonel Posadas Segura / Tribuna Comunista
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En mayo de 2007 hicimos en Acapulco un encuentro de antiguos comunistas, el propósito era recordar y valorar lo que habíamos hecho en 1967. Yo me referí a dos acontecimientos de aquél año, el II Congreso Nacional de la Juventud Comunista de México y la Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS). Al hacer las notas para el primer relato, los recuerdos brotaron como tropel de imágenes en movimiento, bastante claras y casi con la voz viva de sus personajes; cuando anotaba nombres y datos reflexionaba acerca de cómo sintetizar los rasgos de entonces de aquellos compañeros, lo hice con una frase abierta, eran: Plenos de sueños, de voluntad, de acción, de ética...

El II Congreso Nacional de la JCM se realizó del 23 al 27 de febrero de 1967, en esta reunión participaron muchos de los actores, protagónicos y de filas, de las intensas luchas políticas y sociales de ese año, las que fueron importantes antecedentes de las grandes acciones del año siguiente y posteriores dirigentes estudiantiles, militantes del movimiento campesino, organizadores de la juventud trabajadora en los barrios. La mayoría de aquellos jóvenes tenían ligada su actividad política, y su vida y futuro, a lo que acordaba y hacía la JCM.

Centenas de jóvenes participamos en el II Congreso de la JCM. Las jornadas del Congreso fueron de discusiones vivas, con acuerdos y desacuerdos, con altibajos e incidentes, pero inolvidables por su carga de razonamientos y de emociones, hablaron varias decenas de muchachos y muchachas, ellos y los que escuchábamos, compartíamos sueños de bienestar y libertad general; su ambición colectiva era cambiar la sociedad para mejorar la vida, les animaba y guiaba la decisión de acabar cuanto antes con el capitalismo y muy pronto llegar al socialismo.

Muchos ya no están con vida

Menciono a algunos entrañables compañeros de esa JCM que ya no están entre nosotros, de los cuales varios fueron asesinados por esbirros del poder: Celso Garza Guajardo, José Luis Sustaita, Rolando Waller Ruelas, Raúl Ramos Zavala; Vinh Flores Laureano, Joel Arriaga, Enrique Cabrera, José Barragán, Cecilia Soto Blanco; Pedro Benítez, Pablo Sandoval Ramírez, Arturo Solís, Eduardo González, Mario Loya, Manuel Ovilla Mandujano, Carmelo Cortés, Raúl Jardón Guardiola, Héctor Escamilla Lira, Estela Ramos Zavala, Raúl Poblete Sepúlveda, Octaviano Dionicio Santiago, Martha de los Ríos, Arturo Zama Escalante, Eduardo Valle Espinosa, Renán Cárdenas, Martha Galindo, Joel Cortés Barona, Cuauhtémoc Sandoval Ramírez, Mauro García Saldaña, José Luis Victoria, Yolanda Robles Garnica, Carlos Reyes Romero...

Hay tantos otros que ya no están, recordarles produce nostalgia pero me renueva el ánimo, con el que sosteníamos la lucha por nuestras convicciones y afanes comunes.

Fui afortunado y tengo orgullo por haber participado varios años en la JCM, y de haber hecho frente a tareas y responsabilidades muy fuertes, primero como "responsable" de la Dina (dirección nacional) y luego como secretario general de la JCM. Sé que esos roles y funciones exigían más capacidades y mejor preparación que las que yo tenía, pero las cosas vinieron así y yo no me hice a un lado. La buena fortuna me acompañó personificada en cada uno del conjunto de compañeros que formaban la dirección de la JCM, siempre los consideré un grupo valiosísimo, cada uno con cualidades sobresalientes, todos rebeldes e independientes pero dispuestos a formar un equipo, un colectivo político; leales y solidarios entre sí, pero sin idea de grupo particular distinto al que pública y abiertamente declaramos; lo que más había era honestidad y entrega a una causa común; guardo y respeto esa imagen de cada uno, independientemente del curso posterior de la vida y de cómo la vivió cada uno.

La inauguración del II Congreso

Cerca de las 5 de la tarde del jueves 23 de febrero de 1967 inauguramos el II Congreso. Fue un hecho por aquel entonces inusitado: un congreso comunista realizado públicamente y en una importante sala de la capital, el Teatro de los Insurgentes, cuya fachada luce un gran mural del comunista Diego Rivera. La intención al actuar así era ejercer derechos políticos que en la práctica se negaban a los comunistas que el gobierno y la prensa calumniaban sistemáticamente, a los que trataban de reducir al ocultamiento y sumirlos en una ilegalidad no decretada.

Ese día desde la mañana en las oficinas del Comité Central del Partido Comunista Mexicano, en Mérida 186, colonia Roma, donde la dirección de la JCM tenía un espacio, se registraron delegados de los estados y del DF, hubo 230 delegados efectivos. La inauguración fue festiva, la sala y el vestíbulo del teatro estaban atestados de delegados y de invitados, tanto de la JCM, como del PCM, de organizaciones amigas y personalidades que dieron saludos, entre ellos Arnoldo Martínez Verdugo y Ermilo Abreu Gómez.

Tuvimos también invitados de otros países, de la Federación Mundial de la Juventud Democrática (a la cual la JCM estaba afiliada), de las Juventud Comunista de Argentina, Colombia y Chile. En el acto inaugural lució mucho una banda de guerra de muchachas de la Escuela Normal Rural de Cañada Honda, Aguascalientes, uniformadas de gala hicieron los honores a la bandera mexicana, enarbolada y guardada por la escolta de la misma escuela; a lo largo del acto las dianas de la banda y las porras elevaban el entusiasmo, especialmente para aguantar la lectura de un largo Informe que yo presenté a nombre del Comité Nacional de la JCM.

Las sesiones de trabajo

Las reuniones de los días siguientes, para desahogar el orden del día de cuatro puntos fueron sesiones plenarias en el Salón Montecarlo, que estaba situado en la Avenida Cuauhtémoc, frente al antiguo parque de beisbol (antes Delta y luego del Seguro Social), el cual fue derribado para levantar un más rentable conjunto comercial tipo mall. Un incidente chusco ocurrió cuando Armando Real y otros compañeros descubrieron y desarmaron una red de alambres y micrófonos instalados tras el plafón en lo alto del salón, seguramente eran de la Dirección Federal de Seguridad; supongo que hicieron lo mismo en el Teatro de los Insurgentes y que deben tener archivados las voces y sonidos de la inauguración y de la larga lectura del Informe.

La convocatoria y el orden del día

El II Congreso fue convocado por el Comité Nacional de la JCM en su asamblea o pleno de los días 2 y 3 de julio de 1966. La Convocatoria comienza así:

“¡Jóvenes comunistas! ¡Jóvenes mexicanos! Nuestra generación tiene ante sí cambios revolucionarios que transforman al mundo en todos sus aspectos.

“El trabajo y el pensamiento del hombre irrumpen en los secretos de la naturaleza; penetran en el cosmos, investigan las entrañas de la tierra, llevan su luz descubridora a las oscuras profundidades del mar, recorren las complejas estructuras del átomo, develan misterios que los más audaces científicos de siglos anteriores no imaginaban siquiera. El hombre crea con su ingenio materiales que no existen en la naturaleza, la tierra laborada por máquinas y fecundada con fertilizantes multiplica las cosechas; la ciencia médica encuentra cura a enfermedades que han asolado al género humano por siglos; sus adelantos pueden hacer más sana y duradera la vida. En suma, el hombre eleva su dominio sobre la naturaleza y multiplica las fuerzas productivas.

“Pero no sólo eso; junto a la revolución técnica transcurre otro proceso más decisivo para la humanidad: el proceso de la liquidación del capitalismo como último régimen social de explotación...”

El texto de la convocatoria que imprimimos como cartel para pegar en periódicos murales y cualquier espacio que se dejara continuaba con otros 15 párrafos de argumentos, y se establecía el orden del día para el Congreso:

1. Por una combativa Juventud Comunista de masas. Informante: Marcos Leonel Posadas.

2. Plataforma de reivindicaciones de la juventud mexicana. Informante: Vicente Villamar Calderón.

3. Normas de la vida interna de la Juventud Comunista. Informante: Celso Garza Guajardo.

4. Elección del Comité Nacional.

La convocatoria definía que “Los delegados al Congreso serán efectivos y fraternales. Los delegados efectivos serán electos a razón de uno por cada diez miembros de la JCM representados en el correspondiente congreso estatal o regional”.

Para el desarrollo de las discusiones, en cada punto se leyeron los informes y los delegados recibieron copias de los mismos, así como de tres proyectos de: Resolución Política de 25 puntos; el Estatuto y la Plataforma de Reivindicaciones para la juventud mexicana. Los debates fueron animados y hubo polémicas, algunas fuertes. Los informes y los resolutivos preparados por el anterior Comité Nacional fueron aprobados por amplia mayoría.

La lucha por una nueva revolución y por la democracia

El informe del primer punto titulado Por una combativa Juventud Comunista de masas, sin preámbulos comienza diciendo que:

“En México es necesario realizar una nueva revolución. Esa es la respuesta categórica de los comunistas frente a los más agudos y trascendentes problemas nacionales.” El planteamiento del PCM para luchar por una nueva revolución era una de las ideas más motivadoras para los jóvenes comunistas; en el Informe al II Congreso podía estar poco o mal argumentada pero fue una posición casi unánimemente compartida, con ella arraigaba más el entusiasmo y la combatividad de los miembros de la JCM.

El informe tiene tres capítulos o bloques temáticos. Una primera parte se dedica a:

* Polemizar con el PRI, señalar las deformaciones y fracasos de la Revolución de 1910-17; y a refutar un discurso que el presidente Gustavo Díaz Ordaz había dicho poco tiempo antes en una visita a la Escuela Normal Rural de Cañada Honda; también se polemiza con posiciones del líder del PPS Vicente Lombardo Toledano y su propuesta de una “tercera ruta” para México.

* La lucha por las libertades ciudadanas, por la vigencia de la Constitución y la libertad de los presos políticos; por la libertad sindical y de organización campesina y estudiantil.

* El reclamo por los derechos electorales negados a los comunistas; y la denuncia de la ley electoral antidemocrática. Se criticó en especial a los partidos de “oposición leal y la controlada” el Partido Popular Socialista y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana.

* Otros párrafos de esa primera parte del informe argumentan que “La burguesía no tiene nada que ofrecer a la juventud”; que “Sólo los comunistas proponen una gran causa para luchar”. Se delinean características de la revolución democrática y antiimperialista que era la propuesta programática de entonces. Se dan elementos de la estrategia política: Lucha de masas, acumulación de fuerzas, formación del ejército político de la nueva revolución; se exponen las relaciones entre la lucha por reivindicaciones inmediatas y la revolución, y se rechaza lo que entendíamos por el sectarismo y las aventuras políticas.

Un segundo capítulo es “La crisis general del capitalismo y la política internacional de la JCM”; en particular se aborda el “Significado histórico de la Revolución de Octubre”; el tema de “La crisis general del capitalismo”; la visión que se tenía de “Los tres torrentes del movimiento revolucionario mundial (países socialistas, movimiento obrero de los países capitalistas y movimientos de liberación nacional). Todo ello sustenta otra posición fundamental: el “internacionalismo de la JCM”.

El tercer capítulo titulado “Por una JCM de masas, combativa y revolucionaria”, definía qué era la JC, sus características, cómo construirla y cómo actuar, sus normas internas y las relaciones con el PCM, eran pues elementos importantísimos de la discusión del Congreso. Sus partes abordan algunos antecedentes: “Cambios internos en 1965 y crecimiento de la JCM”; los avances en la “formación de una dirección nacional, de comités intermedios y de base”; se señalaba que “la JCM aún pequeña pero ya es muy importante”. El núcleo de este capítulo son las partes siguientes: La concepción de la organización comunista juvenil; la JCM no es un PC de jóvenes, sus funciones y métodos son distintos a los del partido; con las masas juveniles para crecer en ellas; unidad, combatividad, organización; trabajo entre las muchachas y la juventud obrera y campesina.