Ustedes disculpen: Alberta, Jacinta y Teresa

Anayeli García Martínez / Cimacnoticias
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En una ceremonia marcada por los reclamos ciudadanos, el titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Raúl Cervantes Andrade, ofreció una disculpa pública a las indígenas Alberta Alcántara Juan, Jacinta Francisco Marcial y Teresa González Cornelio, acusadas falsamente en 2006 de secuestrar a seis agentes de la extinta Agencia Federal de Investigación (AFI).

Custodiadas por los abogados Mario Patrón y Santiago Aguirre, director y subdirector del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, las indígenas otomíes escucharon en su lengua materna –y en español– una disculpa en voz del titular de la PGR, institución que hace más de 10 años las acusó.

“Alberta, Jacinta y Teresa, al exigir lo que por justicia y por derecho les corresponde, dieron un mensaje de verdadera democracia a nuestro país y movilizaron al Estado a cumplir con lo que mandata la Constitución”, dijo Cervantes Andrade en lo que calificó como un acto de “justicia” y “humanidad insoslayable”.

Ante defensores de derechos humanos, funcionarios y gente de la comunidad de Santiago Mexquititlán, en Amealco de Bonfil, en el estado de Querétaro, el funcionario reconoció que en el pasado la PGR violó el principio de presunción de inocencia e hizo mal su trabajo por lo que era hora de reparar el daño moral causado por un delito indebidamente imputado.

La frase del procurador soltó los aplausos de la comunidad pero en una segunda intervención, donde se dirigió en particular a Jacinta –la mujer con la que la instancia encargada de procurar justicia se encajó– los reclamos y los gritos de la gente fueron más fuertes que los aplausos, el 21 de febrero.

Entre el bullicio de los niños y los gritos de los asistentes, cada quien aprovechó la presencia del procurador para exigir justicia; se escucharon nombres como Ayotzinapa, Nochixtlán, Tlatlaya, Ostula, Atenco y otros más que recuerdan los casos de asesinatos, desapariciones y represión que están en espera de ser investigados por la autoridad.

Las tres indígenas, ataviadas con vestimenta tradicional, con su cabello trenzado y adornado con listones de colores, se pusieron de pie frente al auditorio para escuchar las palabras que llevaban esperando casi once años: “Reconozco plenamente su inocencia”, frase que Cervantes Andrade dirigió y que fue replicada por una traductora.

“Qué vivan las mujeres valientes de Amealco”, espetó una indígena desde su asiento en medio del auditorio y tras ella siguieron los gritos que terminaron hasta que tocó el turno a las otomíes agraviadas, quienes al tomar el micrófono repitieron la misma historia, aquella donde narran la detención arbitraria y el injusto encarcelamiento.

La falsa historia

En 2006 la PGR, entonces encabezada por el actual ministro de la Suprema Corte Eduardo Medina-Mora, se empecinó en señalar a Jacinta, la mujer indígena, hablante de otomí, vendedora de paletas y de aguas frescas, como responsable de secuestrar a seis policías federales, de la extinta AFI, cuando realizaban un operativo en el tianguis de Santiago Mexquititlán. Alberta y Teresa fueron acusadas del mismo delito.

Aunque las mujeres no hablaban español, no contaron con traductor y no tuvieron una defensa adecuada, fueron condenadas a 21 años de prisión. Fue hasta septiembre de 2009 que Jacinta fue liberada por falta de pruebas, mientras que Alberta y Teresa fueron absueltas por decisión de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en abril de 2010.

Al tomar la palabra, Teresa leyó su testimonio, contó el día de su detención y al recordar su paso por la cárcel, la emoción la hizo detener su relato, pero fue firme al decir “esto es una gran victoria” y tras una pausa llamó a todas las mujeres a no quedarse calladas y exigir hasta que las autoridades las escuchen.

Alberta también contó cómo fue su detención y en medio del sonido de los flashes y el grito de una asistencia que daba ánimo para no caer en llanto dijo: “No se quedan calladas, hablen, busquen… que se comprometa a que no va a volver a suceder” aunque nadie pueda devolver el tiempo perdido a quien estuvo en prisión.

Vergonzosa tardanza

Antes de finalizar el acto protocolario, Jacinta cedió la palabra a su hija Estela, joven maestra queretana que llevó el mensaje de su madre –una indígena a la que aún le cuesta hablar en público y expresarse en una lengua ajena–, quien claramente habló en otomí y español para decir que la dignidad se hará justicia.

“Es lamentable, vergonzoso e increíble que a seis meses de cumplirse once años del caso 48/2006 hoy por fin la Procuraduría General de la República reconoce de manera forzada, no por voluntad, que el caso citado fue un error. La disculpa es por funcionarios, mediocres, ineptos, corruptos que fabricaron el delito de secuestro”, dijo.

En un amplio y agudo discurso Estela se convirtió por unos minutos en la voz de Jacinta, una de tantas mujeres que, dijo, están encarceladas; porque hoy no es necesario cometer un delito para ser desaparecido o estar en prisión. Como remate, pidió a las instituciones “que no sean títeres ni sólo sirvan para acarrear gente a ver a un gobernador o político”.

Con una ceremonia de dos horas concluyó un largo proceso de desgaste económico y emocional de las tres indígenas que por fin fueron reconocidas como mujeres inocentes. A esto Jacinta agregó: “Hay muchos como nosotros. Ojalá les pidan disculpa y perdón”.