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Las luchas populares en chihuahua

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Las luchas populares en chihuahua

 

Víctor Orozco
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Un grupo de descendientes de luchadores sociales que en décadas pasadas resolvieron asumir la vía armada para alcanzar la transformación de México, organizaron en la ciudad de Chihuahua una serie de eventos conmemorativos del asalto simultáneo a tres sucursales bancarias en esta ciudad el 15 de enero de 1972, que dieron lugar, por la acción represiva y el asesinato de varios de los participantes a una ola de movilizaciones sociales muy pocas veces vistas en la historia política del estado y del país. Fui invitado a participar como analista en estos eventos de recordación y me pareció que una manera productiva de hacerlo, era traer a colación algunas porciones significativas de un trabajo que escribí en el ya lejanísimo 1976, publicado en la revista Cuadernos Políticos, de Ediciones Era. El propósito es examinar hasta donde siguen vigentes aquellas reflexiones y hasta dónde en lo personal sigo manteniendo los principios que las sustentaban. Dado que muchas personas de aquella época los compartían vale la cuestión como algo mucho más trascendente que la historia intelectual de un individuo. En 1976, escribí:

            “El 15 de enero de 1972, un grupo de guerrilleros urbanos, encabezados por un antiguo dirigente estudiantil de Chihuahua, Diego Lucero Martínez, realizó el asalto simultáneo a tres bancos de la capital del estado. La acción fracasó y fueron muertos durante la misma Avelina Gallegos, Óscar Montes y el resto, excepto uno o dos que pudieron huir, cayeron prisioneros. Unos días después, fueron asesinados en la cárcel Diego Lucero y Ramiro Díaz. Otro más, Gaspar Trujillo, fue igualmente asesinado cuando fue aprehendido en un lugar cercano a la ciudad de Chihuahua.

            “El asalto a los bancos, si bien fue realizado por una organización de compañeros que habían adoptado la línea de la lucha armada y habían roto todo vínculo con la lucha de masas, lo cierto es que representa un acontecimiento que se encadena a la historia de las luchas políticas en Chihuahua. Los antecedentes políticos de la mayoría de los miembros de la guerrilla, autorizan a afirmar que su intento no fue un hecho aislado y ajeno al proceso que se vive en el norte del país a partir de los años 60. En el mismo sentido, la forma como se planteó la expropiación, la idea de continuidad que animaba a sus ejecutantes, que la consideraban ‘... el tercer intento en el estado contra la oligarquía’, según lo llamó entonces Marco A Rascón. Los dos precedentes habían sido el ataque al cuartel de Ciudad Madera por los guerrilleros dirigidos por Arturo Gámiz y Pablo Gómez el 23 de septiembre de 1965 y el movimiento guerrillero que encabezó Óscar González Eguiarte en el verano de 1968. Justamente por ese articulamiento objetivo con las luchas anteriores, que hacían de las acciones expropiadoras una expresión más del proceso en el que se conjugan huelgas obreras, luchas campesinas y estudiantiles, la guerrilla rural, es que la represión y el baño de sangre desatados por la policía en contra de los sobrevivientes tuvieron como consecuencia la movilización política de las masas y su organización. La acción de los guerrilleros urbanos y la actitud represiva de las autoridades estatales pusieron en movimiento a todas las fuerzas políticas en Chihuahua. Por una parte, los dirigentes de la banca, la industria y el comercio demandaron un rápido y ejemplar castigo y de paso aprovecharon para montar una campaña anticomunista a fondo en el estado...

“En la otra trinchera, se inició la movilización de distintas fuerzas que de antaño estaban comprometidas con la lucha popular en Chihuahua. Inicialmente, un grupo de estudiantes de la Escuela de Derecho, por acuerdo de su asamblea, exigieron al gobernador del estado, Óscar Flores, una investigación de los hechos y hablar con los detenidos. Luego el Comité Coordinador Estudiantil, organismo que agrupaba a los alumnos de los principales centros educativos (Universidad Autónoma de Chihuahua, Escuela Normal del Estado e Instituto Tecnológico Regional del Estado) convocó al primer mitin de masas para protestar por el asesinato de los guerrilleros presos, principalmente por el de Diego Lucero, cuya detención la prensa había anunciado y según la versión oficial había resultado muerto a tiros en un ‘enfrentamiento con la policía’, aun cuando había sido interrogado junto con los otros detenidos. Así, el 28 de enero de 1972, los asistentes a la primera reunión en la plaza de armas de Chihuahua, acordaron... constituirse en ‘asamblea popular’ para exigirle al gobierno un alto a la represión y el castigo de los asesinos. Se acordó además que la asamblea tuviera un órgano directivo, que fue precisamente el Comité de Defensa Popular. Los días siguientes, se reunieron primero en una aula de la Escuela de Medicina y después en locales sindicales, los representantes de los diversos organismos que aceptaron formar parte del CDP. Los que primero se integraron fueron la colonia Francisco Villa, el Movimiento Sindical Ferrocarrilero de la sección 5 del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana, la sección octava del SNTE, el Sindicato de Trabajadores y Empleados de la Universidad, el Sindicato de Aceros de Chihuahua, la sección 25 del Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana, el Frente Auténtico del Trabajo, el Movimiento Revolucionario del Magisterio y el Consejo Estudiantil de Lucha (con representantes de todas las escuelas)...

“Durante todo el mes de febrero, el movimiento de masas se desarrolló de una manera sorprendente por su magnitud y fuerza. Chihuahua conoció entonces las movilizaciones políticas más grandes de su historia reciente. Aun en la noche, la casa de gobierno era rodeada y sitiada por los manifestantes; la policía y los cuerpos represivos fueron incapaces de contener el ascenso y el gobierno del estado hubo de dar marcha atrás, licenciando a los dos funcionarlos acusados de los crímenes, al procurador General de Justicia y al inspector general de policía. Por su parte, el gobierno federal regresó a Chihuahua a Marco Antonio Rascón, uno de los guerrilleros presos, quien había sido trasladado a la ciudad de México, junto con Javier Pizarro. A raíz de las movilizaciones, la jerarquía eclesiástica de Chihuahua y de Ciudad Juárez, dirigida al parecer por una corriente liberal, emitió varios pronunciamientos en los que condenó la violencia oficial y hasta cierto punto justificó la que consideró violencia de respuesta a la violencia ‘institucional’ que significan las injusticias, las miserias y las desigualdades. Es incuestionable que este nuevo elemento influyó positivamente en el ánimo de la mayoría de los católicos, mejorando su disposición hacia el movimiento, sin embargo, fue totalmente secundario en comparación con la organización de las fuerzas participantes.

            “Este proceso constituyó una movilización política de las clases explotadas que alcanzó niveles y formas de confrontación con el Estado y con algunas fracciones de la burguesía hasta entonces desconocidos en Chihuahua y que atrajeron la atención nacional. En un lapso de varios meses, el CDP se convirtió en la alternativa principal, si no la única, que se dieron a sí mismas las masas para promover sus intereses de clase o de grupo social. En general, se establecieron en Chihuahua un clima y unas condiciones políticas diferentes a las prevalecientes hasta antes de 1972, caracterizadas por la constante presencia, real y efectiva, de sectores proletarios o afines a la clase obrera en el escenario político. Estas fuerzas mantuvieron siempre banderas de lucha con distinto grado de radicalización y posiciones más o menos combativas, pero en todo caso, enmarcadas en un contexto de organización propia e independiente del Estado, hecho que les imprimió a todas las jornadas un sello revolucionario, a veces no comprendido o incluso no querido por algunos de los protagonistas.  En todo el tiempo de su existencia, principalmente en sus dos primeros años, el Comité de Defensa Popular encabezó un sinnúmero de acciones políticas de obreros, colonos y estudiantes principalmente. La lucha popular tuvo así un centro coordinador, no obstante su aparente origen espontáneo, de hecho fue el vehículo para abandonar el espontaneísmo y la improvisación en la actividad política de las masas. Se logró, de esta manera, reunir los esfuerzos aislados de sindicatos obreros que luchan por la democracia sindical, colonias de posesionarlos o ‘paracaidistas’, asambleas estudiantiles y de profesores, y, en menor grado, grupos de campesinos que pugnaban por repartos de tierras. El movimiento fue esencialmente urbano... y cuando empezó a extenderse lo hizo hacia otros centros urbanos, siguiendo los mismos cauces que en la ciudad de Chihuahua y apoyándose en las mismas bases sociales”.     

            Casi cuatro décadas después puedo decir que lo expresado sigue siendo válido en al menos tres puntos:

1. El lenguaje, claro, ya no es el mismo. Prevalecía en aquel entonces el habla del maximalismo y sectores muy extensos de los jóvenes veían la revolución social a la vuelta de la esquina. Sin embargo, la defensa de la justicia, de los derechos humanos, de la vida de las personas sigue concitando las respuestas más poderosas de la sociedad, como aconteció en 1972.

2. Los tiempos de las elecciones y de los partidos políticos, no han cancelado ni mucho menos, la necesidad de construir organismos amplios, de masas, que coordinen las acciones ciudadanas, como lo consiguió en sus inicios el Comité de Defensa Popular, después hundido en el desprestigio. Quizá nunca como ahora, en medio de una sociedad inerme ante la violencia delictiva, se requieren estos frentes cívicos amplios.

3. Los objetivos y principios que alimentaron el pensamiento y la vida de muchos de los que en esos años éramos jóvenes, siguen siendo fundamentalmente los mismos: la construcción de un sistema con igualdad de oportunidades para todos y por lo mismo, el combate a la idea aberrante y contradictoria en sí, que está en la naturaleza genérica del hombre trabajar para otro  e inclinarse ante los fetiches políticos, económicos o religiosos, renunciando a su propia condición de ser libre, autónomo, que no otra cosa es el socialismo.