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Los delirios de la memoria

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Los delirios de la memoria

 

Arturo Martínez Nateras

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Reconstruir la vida del México entre los años de 1973 al 75 y sus reflejos en 1985 es un ejercicio delirante, una mirada dolorosa a la Guerra sucia, la represión, el exterminio y también a la resistencia, la audacia para sobrevivir y transformar la realidad. En un viaje al valor de la rebeldía.

La lectura del libro de Pepe Woldenberg me forzó a volver a leer El secuestro de Lucio Cabañas (Altalena. Madrid, España, 1986). El retorno al pasado me deja satisfecho de haber escrito entonces sobre acontecimientos complejos, aventurados. Fue un atrevimiento que vale la pena. Mi testimonio pasó la prueba de la libertad del tiempo. Mi versión fue la más apegada a la realidad y esto lo confirma Woldenberg. Dispongo todavía de 10 ejemplares además de los propios del archivo y existe la versión digital en: htpp//www.elaleph/libro/el-secuestro-de-lucio-cabañas (.) Y tengo la versión en Word para quien me la solicite. Incluyo en este comentario La carta, uno de sus capítulos.

Los comentarios que he leído sobre el libro de Woldenberg (Política y delito y delirio. Historia de 3 secuestros. Ediciones Cal y Arena. México, 2012), eluden la cuestión y la propia presentación escrita por Gustavo Hirales para el acto en la FIL de Guadalajara, soslayan el tema principal del libro y parecen encaminados al ensayo de los elogios mutuos.

Supe del libro por un comentario de El Chicali y una nota en mi muro de Facebook de Carlos Sotelo. Buqué ejemplares en Morelia y en Acapulco pero no, todo ocurre en la capital. Y conste que Cal y Arena tienen buena distribución. Es un tema y asuntos que parecen importarles únicamente a muy pocos sobrevivientes e interesados. Los actores de esa tragicomedia estamos vivos…

José Woldenberg se atreve a reconstruir los secuestros de Rubén Figueroa Figueroa, de Félix Bautista Zúñiga y de Arnoldo Martínez Verdugo. Cede la palabra a los actores y protagonistas de entonces, los adereza con dos textos especialmente escritos para su libro, uno de Jorge Alcocer y el otro de Antonio Franco. Él se constriñe a un “repaso tentativo”

El texto de Jorge Alcocer confirma lo que escribí en 1986. El Partido Socialista Unificado de México fue incapaz de reunir el uno por ciento de los 100 millones que entregaron a cambio de los secuestrados y el gobierno los aportó totalmente.

Fui el primero en sacar la cara por Félix Bautista pero no el primero en saber de los recursos ni en mover los recibidos por el PCM. La primera parte la movió Antonio Franco y se la entregaron a Verdugo en Coyoacán. Entonces ya yo era secretario de Organización del Comité Central e integrante de la Comisión especial con Campa y Arnoldo. Me enteré de rebote por el manoseo de la información y hasta entonces empecé a intervenir.

Dice Woldenberg: Arturo Martínez Nateras fue el primero en salir públicamente en defensa de Félix Bautista…” y especula: “Desde la soledad de su conciencia y/o desde la preocupación por su propia seguridad entiendo trató de hacer lo que juzgó conveniente”. ¡No Pepe! Pude hacer mutis, pero hice lo que me dictó mi conciencia por solidaridad y convicción. ¿Soledad? Entonces yo formaba parte muy activa de la Unión de Periodistas Democráticos, recién con Evaristo Pérez Arreola y otros camaradas habíamos fundado Unidad Democrática, escribía en Unomásuno, reporteaba, asesoraba a Evaristo, dirigía las ediciones de la Universidad Autónoma de Sinaloa y trabajaba intensamente en La Pintada, en su cooperativa y en las hueras de café.

En El secuestro de Lucio Cabañas relato los pormenores de mis intervenciones previas a los artículos cuando por Félix Bautista no hacían nada y menospreciaban a los del PDLP…

Con una parte de aquellos recursos adquirimos el local de Durango 338 que simboliza el ascenso de la izquierda comunista y está en riesgo de remate por los directivos del PRD para amortizar algunas deudas.

En 1997, desde los sótanos surianos de la propaganda negra gubernamental para denigrar a María de la Luz Núñez Ramos en Diario 17 publicaron a ocho columnas una declaración del EPR/PDLP y al día siguiente, desde la clandestinidad los guerrilleros se deslindaron aclarando que ya no tenían cuentas pendientes con nosotros. Recuerden que yo había sido sentenciado a la ejecución.

Incitado por la publicación de: Política y delito y delirio, volví a leer El secuestro de Lucio Cabañas y confirmo lo que escribí en 1985/86.

Trascribo la Nota a la edición digital en www.elaleph.com/libro/El-secuestro-de-Lucio-Cabañas

El secuestro de Lucio Cabañas es un libro apasionante, una incitación a leer, a recordar y a repensar. Es ficción y realidad que supera la imaginación. Es una crítica de la quiebra del socialismo y de las izquierdas; pronostica el fin del ciclo de los partidos políticos y sugiere cambios de fondo para el surgimiento de la nueva historia del socialismo. Publicado en 1986, parecía profecía del derrumbe, y hoy es historia. El secuestro aborda el rapto de Arnoldo Martínez Verdugo, máximo dirigente del comunismo mexicano, ocurrido el 1 de julio de 1985, y el de Félix Bautista Matías, en febrero del mismo año. Es el relato del valor y los desatinos de la dirección de un partido de izquierda. Trata del manejo del dinero pagado por el rescate del entonces precandidato del PRI al gobierno del estado de Guerrero, del uso de una parte de él por el PCM, y de la recuperación, por el Ejército, de la mayoría; es rendimiento público de cuentas de la suma que manejó el autor; describe las aventuras de trasladarlo para invertirlo, y también se ocupa de la relación del PCM con el guerrillero legendario; de la ruptura de la Juventud Comunista, después del 68 y del 10 de junio, organización juvenil, manantial de la mayoría de los agrupamientos guerrilleros que surgieron en los años setenta. Los comunistas secuestrados, al recuperar su libertad, ofrecieron entregar a la sociedad su versión, y un cuarto de siglo después no lo han hecho. Hoy vivimos una nueva ofensiva de inconformidad y de lucha, de elaboración teórica a la altura de la época del conocimiento y de las redes sociales. Los jóvenes indignados son los protagonistas de la transformación democrática socialista. En este contexto cobra actualidad un texto visionario. El secuestro de Lucio Cabañas, de Arturo Martínez Nateras, trata de una aventura sensacional, cuyos hechos y personajes son seres de carne y hueso.