Estado español entró en una crisis estructural

Necesitamos instrumentos de soberanía para poder hacer otras políticas públicas y edificar una sociedad más justa: Arnaldo Otegi

Genaro Rodríguez Navarrete
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Arnaldo Otegi (Elgóibar, 1958), coordinador de la coalición de izquierda Euskal Herria Bildu (EH Bildu), ha señalado que “el Estado español no tiene absolutamente ningún interés en que se consolide un escenario de paz en el País Vasco”, ante las evidencias de que “está haciendo todo lo posible por bloquear ese proceso”.

De visita en México, invitado por la Fundación para la Democracia que preside el histórico líder de la izquierda mexicana, Cuauhtémoc Cárdenas, Otegi matizó: “Nosotros realmente no estamos desarrollando un proceso de paz” porque para que éste tenga lugar “hacen falta dos interlocutores interesados. Pero en nuestro caso sólo una de las partes está interesada: el movimiento vasco de liberación nacional. El independentismo que tiene interés en generar un proceso que permita una paz estable, justa y duradera”.

El otrora portavoz de la extinta organización nacionalista vasca ETA recordó que han sido muchas décadas de conflicto, sufrimiento, años de cárcel, tortura y muerte por todos lados, en el despliegue de una estrategia político-militar. Sin embargo, tanto por razones éticas como políticas, era una vía que no encontraría salida, en la medida que el Estado español no manifiesta ningún interés en darle una respuesta en términos democráticos al conflicto.

En el conversatorio titulado “Retos para la paz tras el fin del conflicto armado en el País Vasco”, llevado a cabo en la sede de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, Otegi comentó que al movimiento independentista vasco se le presentó la necesidad de hacer algo diferente para construir una alternativa imaginativa, creativa y constructiva, que le permitiera consolidar un espacio de libertades democráticas y de libre autodeterminación.

Se decantaron, entonces, por transitar el camino de la paz; es decir, la vía de la negociación, a sabiendas que el Estado enfrentaría esa iniciativa con todas las armas que tenía a su disposición.

“Decidimos cambiar la estrategia: Veremos si ese Estado que se ha construido contra la insurgencia vasca, en términos, políticos, jurídicos, antiterroristas, les va a seguir funcionando.

“Y cuando empezamos a cambiar lo que le llamamos ‘el viraje del trasatlántico’, el Estado nos detuvo inmediatamente. Nos juzgó y metió a la cárcel”.

Otegi ha estado encarcelado en varias ocasiones (cinco, señalan algunos reportes), por lo que se le considera “un viejo conocido de los tribunales”. También se le ha identificado como actor clave en la transición hacia el fin de la violencia y disolución de ETA.

¿Cómo medimos nuestras líneas políticas?, se preguntó. “Normalmente si desde Madrid se dice que estamos haciendo las cosas bien, nosotros nos solemos preocupar. Si te encarcelan, para nosotros es que se están haciendo las cosas bien. Por lo tanto, aquel encarcelamiento nos supuso la plena convicción de que este es el escenario que ellos no quieren: el escenario de paz”.

Paradojas

“Esto fue lo que hicimos. Y nos pasaron muchas paradojas en este camino. Justo coincidió con aquella brutal crisis económica y financiera. Cuando veníamos de un combate de deslegitimación y crítica de las instituciones, de repente obtuvimos el mayor poder institucional que jamás habíamos concebido. Gobernamos grandes instituciones cuando la crisis llevaba a la gente a alejarse de ellas.

“Y dos, cuando habíamos acaparado la centralidad política del país, en función de plantear una solución integral al conflicto, la crisis hace que la agenda de prioridades de la gente cambie; se transforma en trabajo, mis hijos, etcétera. Algo más normal. En esa paradoja tuvimos que gestionar los primeros años de este proceso. Nosotros desde la cárcel”.

Durante el tiempo que pasó en prisión, Otegi logró licenciarse en Filosofía y Letras. En 2013 recibió el premio Gernika por la Paz y la Reconciliación por sus aportes al proceso de paz en Euskadi.

¿Qué ha ocurrido después de este proceso?, se cuestionó de nueva cuenta. “Sin ser demasiado arrogantes, el independentismo de izquierda está gobernando grandes instituciones, por ejemplo, el ayuntamiento de Pamplona para nosotros la capital histórica del paísla diputación de Guipúzcoa; somos la segunda fuerza en términos electorales; estamos por encima del 20 o 22% del electorado, siendo de posiciones de izquierdas independentistas”.

Crisis del Estado

“Además de todo eso, ha ocurrido una cosa que nos llama poderosamente la atención: que el Estado español ha entrado en una crisis, desde nuestro punto de vista, de carácter estructural.

“Solemos decir que hay tres factores que permiten entender la crisis actual que vive el Estado español: la crisis económica y financiera de hace unos años, pone en cuestión la solvencia económica de España como país. No tiene un sistema productivo competitivo. Su peso es muy bajo en comparación con Cataluña y el País Vasco. Es un país tremendamente endeudado. Ha sido rescatado. Es una crisis que ha puesto en cuestión el edificio que ellos construyeron en 1978 con su hipotética y entre comillas, “transición”. Y si ocurriera una segunda gran crisis económica, España estaría en crisis total. Ese Estado podría poner incluso en riesgo el bienestar económico de la gente.

“El segundo gran factor que pone en crisis al Estado es Cataluña, con su ofensiva independentista y soberanista hace que salten todas las costuras de la transición política española. Lo que pone encima de la mesa es un problema inconcluso al que España jamás le ha dado solución: el problema de las naciones y el Estado. El asunto de la autodeterminación.

“El tercer gran factor que ha avivado la crisis es la desaparición de la lucha armada. Ha desaparecido el enemigo interno. El Estado estaba construido en un modelo autoritario, jurídico, político, constitucional, contra la insurgencia vasca. El modelo entra en crisis porque desaparece el enemigo interno.

Presos políticos

“¿Qué problemas atravesamos concretamente con el proceso de paz? Tenemos 300 presos políticos en el Estado español. Pensábamos que al concluir la fase armada, los presos saldrían a la calle. ¿Qué es lo que ha hecho el Estado español? Tomar rehenes. Se les aplican políticas de auténtica excepcionalidad. Se pasan la vida negando el carácter político de nuestros presos. Entonces, ¿en qué quedamos, si son presos ordinarios? Que se les aplique la legislación ordinaria. Si se les aplica la legislación ordinaria dos tercios de nuestros presos estarían ya afuera, pero siguen en prisión.

“Este es el problema que todavía seguimos arrastrando de la fase política anterior. Es un problema porque nuestros presos se han convertido en rehenes de un Estado que a falta de oferta política no tiene más remedio que jugar con eso como chantaje, contra el independentismo de izquierdas en nuestro país.

“Tenemos enfrente un Estado incapaz de entender que una vez cubierto y superado el ciclo anterior, hay que dar soluciones de carácter integral. Hay que pactar una oferta para que todas y todos los presos puedan salir; dar la libertad para construir eso que nosotros denominamos la República Vasca.

“Además de esto, esperamos y deseamos ahora tener la fortaleza suficiente en las instituciones del Estado para poder ser decisivos en los próximos años en la política de Estado, y poner sobre la mesa la solución a este problema”.

Retos

“Tenemos dos grandes retos: los independentistas en el País Vasco creemos que la construcción de la República es una cuestión prioritaria. Las vascas y los vascos creemos tener las condiciones culturales, económicas, industriales e intelectuales suficientes como para construir un país mucho más justo y libre.

“Tenemos el reto de construir respuestas y certidumbres para que la gente entienda que la República Vasca será un instrumento para construir una sociedad alternativa.

“En segundo lugar, no estamos hablando de la República Vasca en términos identitarios. No estamos hablando de dónde nace la gente, su orientación sexual o color de piel. Lo que estamos diciendo es que necesitamos instrumentos de soberanía política para poder hacer otras políticas públicas y edificar una sociedad más justa.

“Necesitamos también una República para proteger a la gente. Desde nuestro punto de vista, el mundo que nos ha tocado vivir deja a mucha gente a la intemperie, sin protección. Nosotros entendemos a la República Vasca como ese refugio colectivo, que junto con otros Estados, sean capaces de entender al planeta, en un momento en que el capitalismo pone en riesgo incluso la vida material. Que es necesario construir entre todos, instrumentos de soberanía para hacer otro tipo de políticas.

“¿Cuál es la República que quieren los vascos? Una república de iguales en todo”.

La amenaza de encarcelamiento

Ante un auditorio expectante, el dirigente de izquierda abertzale se refirió al riesgo de volver a pisar la cárcel. Explicó que “cuando uno es ciudadano y súbdito del monarca español Borbón, nunca puedes descartar volver a la cárcel. No sabemos si volveremos. Lo que sí sabemos es que la República Catalana y la República Vasca serán realidades visibles a lo largo de los próximos años”.

Vox

Ha destacado también que los independentistas vascos y catalanes están llamados a hacer un frente contra la aparición de la ultraderecha de Vox. El mejor antídoto será que la izquierda ocupe su lugar y logre articular un orden alternativo. “La división de la izquierda es un lujo que no nos podemos permitir”, concluyó.

Crisis civilizatoria

Desde un mirador geopolítico, estimó que el mundo atraviesa por una crisis civilizatoria marcada por factores tales como, la reconfiguración de las potencias hegemónicas mundiales (apunta que China podría convertirse en la gran potencia económica y Estados Unidos en potencia militar), una crisis democrática galopante, otra crisis en términos ecológicos, en el contexto donde las futuras generaciones vivirán con más miedo y pobreza.

Europa

En este marco expuso que el proyecto de la Unión Europea también está en crisis y bajo el acecho de poderosísimos agentes, de diverso signo político, con mucho interés en destruir el tejido comunitario. Además de estar amenazada, no por el socialismo, sino por el fascismo. Al tiempo que se pasa la vida dando discursitos sobre derechos humanos, mientras deja a los inmigrantes ahogarse en el Mediterráneo.