Ni sumisión ni enfrentamiento

Miguel Ángel Ferrer / Economía y política
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Sorprende a propios y extraños la enorme habilidad de Andrés Manuel López Obrador en el manejo de la relación de México con Estados Unidos. Un nexo que podría resumirse en la fórmula “no sumisión, no enfrentamiento”. Una exitosa fórmula que privilegia el interés nacional y que consigue eludir el choque frontal con Washington.

La construcción del muro fronterizo ha sido el primer asunto tratado y resuelto exitosamente por el presidente mexicano, quien reconoce que es un tema de la política interna de EU en la que México no debe ni puede tener participación. Un espinoso asunto que deberá ser resuelto exclusivamente por los estadunidenses.

Un segundo punto de conflicto es la migración mexicana, centroamericana, caribeña y de otras latitudes hacia EU que transita por territorio de México. López Obrador ha propuesto resolver o mitigar el problema atendiendo a las causas económicas del fenómeno migratorio sin represión, sin muros y con pleno respeto a los derechos humanos de los migrantes y pleno apego a las leyes nacionales en la materia.

Abordado el problema de este modo no queda espacio para el enfrentamiento con Washington. Si EU acepta o no admite esa migración es un asunto de la exclusiva competencia estadunidense, en el que México no puede ni debe intervenir.

Y por lo que toca a los amagos de cierre de la frontera, ahora mismo menos estridentes, la fórmula mexicana para enfrentar el problema ha sido la misma: no pretender interferir en los asuntos internos del vecino. Y por lo que se está viendo, ni habrá cierre de frontera ni hay ni habrá enfrentamiento.

Una cosa semejante está aconteciendo con los anunciados aumentos por cuenta de EU a los aranceles al aluminio y al acero mexicanos. México reconoce que Washington está en su derecho de proceder como lo estime pertinente, en tanto México se reserva al derecho de actuar como lo juzgue necesario. ¿Cómo puede entonces haber pleito?

Como es del dominio público Estados Unidos pretendió presionar a López Obrador para que México se sumara a la agresión contra Venezuela. Pero la respuesta fue idéntica: la política exterior mexicana se sustenta en los mismos principios aplicados en los casos del muro, la migración internacional y los aranceles extranjeros: la no intervención en los asuntos internos de otras naciones. 

Indudablemente López Obrador posee extraordinarias habilidades personales y políticas: serenidad, valentía, buen humor, firmeza, tolerancia, humanismo. Pero, también sin duda, la mayor entre todas sus virtudes es el apego a los principios y a la legalidad.

 

 

 

Una Venezuela menos vulnerable

Miguel Ángel Ferrer / Economía y política
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Según las propias palabras de Donald Trump, la invasión militar de Venezuela es una de las opciones de Estados Unidos para derrocar al presidente Nicolás Maduro y para instalar en Venezuela un gobierno dócil a los dictados de Washington.

Pero los hechos no siguen el mismo camino que las palabras. En realidad la intervención militar es una variable que depende del eventual éxito o fracaso de las otras acciones en curso en pos del derrocamiento del gobierno chavista.

Esas acciones, como bien se sabe, pues las estamos presenciando, son el bloqueo económico, comercial y financiero; la creación de un permanente estado de zozobra en el pueblo venezolano por medio del sabotaje, las amenazas bélicas y el cerco diplomático; y la erección de instituciones y gobernantes de paja.

Tales medidas tienen el declarado propósito de conseguir cualquiera de estas tres situaciones: una improbable insurrección popular, una fractura en las fuerzas armadas que conduzca directamente a un golpe de Estado o a una guerra civil, y un magnicidio.

Si cualquiera de estos tres propósitos tuviera éxito, la invasión militar se volvería innecesaria. Y si fracasaran, como hasta ahora ha ocurrido, la opción castrense se volvería imposible.

De modo que a pesar de la reiteración y la estridencia de los amagos verbales de inminente intervención militar, los afanes por eliminar a Maduro y al chavismo seguirán transitando por las vías de la guerra económica, la satanización del líder, el cerco diplomático, los intentos de magnicidio y la permanente labor de zapa en las fuerzas armadas.

Y si la probabilidad de una invasión armada nunca fue robusta, menos lo es ahora que Venezuela cuenta con poderosos aliados que hacen más difícil para Washington decidirse por la opción bélica.

Con las diferencias de tiempo y lugar, el caso venezolano es una réplica del acoso yanqui a la revolución cubana durante los últimos 60 años. Y si la receta cubana para resistir tales amagos ha sido la permanente preparación de una sólida defensa militar, lo mismo exactamente ocurre en Venezuela desde que el chavismo llegó al poder.

Es claro así que las amenazas de invasión militar a Venezuela son un recurso para mantener en permanente vigilia al chavismo y para obligar a éste a distraer recursos económicos con el fin de trasladarlos a la defensa.

Pero, como se dice popularmente, en su programa de permanentes amenazas de invasión militar, a Washington le está saliendo el tiro por la culata: hoy existe una Venezuela menos vulnerable.