¿Saberes concurrentes?

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Cuando hablamos de saberes, más vale tener presente siempre el quién habla, porque es allí en donde comienzan las diferencias. O bueno, también, ocurren las concurrencias. Todo se puede dar, si es que en la foto aparece, como ayer, Alfonso Romo casi en primer plano junto al presidente de la república y junto al nuevo jerarca del Consejo Coordinador Empresarial, el también regiomontano Carlos Salazar Lomelí, quienes juntos hicieron la promesa de, en seis años, acabar con la pobreza extrema en México, lo que suena a un sueño deseable para todos, aunque el despegue se realice a media máquina apenas. No en balde, pues, el título de esta nota: ¿podrán caminar juntos el Estado surgido de un movimiento armado como la revolución del 17 y un sector privado que, desde entonces, no ha sido precisamente una perita en dulce para toda la población del país?

Más allá de toda ironía, a los partidarios de alguno de ambos bandos (Estado revolucionario y sector privado) nos ha de parecer complicado unir fuerzas para, en un lapso tan relativamente corto de tiempo y luego de enfrentamientos de fondo durante más de cien años, resulte que de pronto se proclame que, ahora sí, se va a trabajar juntos, no importa que días antes las huestes de ambos bandos se habían enfrentado arduamente defendiendo sus intereses en cuestiones aeroportuarias y que prevalecieron ayer aún a la hora de la reunión del avenimiento. ¿Será posible, pues, que luego de eso venga la paz? Haya quien haya sido el constructor de esa proeza habrá que desearle éxito en la tarea, que sin duda no se presenta fácil, pero que sin duda también pareciera ser necesaria frente a un panorama financiero de corto y mediano plazo que plantea dificultades de naturaleza diversa y que si bien, quizá, era complicado enfrentarlo (y si no que lo diga el secretario de Economía Carlos Urzúa y su gente), con un empujoncito de la iniciativa privada, encabezada por el Grupo Monterrey (y los grupúsculos empresariales que inicialmente acompañaron a AMLO, sin que lo haga aun abiertamente Carlos Slim) seguramente este arranque del nuevo gobierno podrá ser menos tortuoso de lo que se esperaba. ¿Y de allí en adelante se podrá caminar juntos?

En fin, por principio de cuentas habría que esperar el arranque, porque quizá a partir de allí en adelante se sabrá cómo será el camino. Inédito, en muchos sentidos, porque ésta sería la primera vez que en América Latina tan explícitamente Estado e iniciativa privada caminan juntos en búsqueda de un objetivo común (el fin de la pobreza extrema) de relativamente largo plazo y que implica el alcance de otros objetivos de mediano plazo igualmente complejos: empleo, salarios, bienestar generalizado y sobre todo aminorar la polarización de la riqueza. ¿Se podrá?

Desde fines del siglo XIX y principios del siglo XX a eso, a creer que principios esenciales de la economía política en el marxismo se podían suavizar como lo proponía Eduard Bernstein, se le llamó revisionismo porque particularmente Lenin decía que ésa era una falsa ilusión que sólo desviaba la lucha de los trabajadores y distorsionaba las enseñanzas de Marx.

Puede ser, en efecto, que quienes hacemos señalamientos en contra del revisionismo, como a Lenin, se nos acuse de un pesimismo adelantado y excesivo y que más nos vale esperar antes de anunciar los funerales del pariente. Que nadie tiene voz de profeta. No, yo tampoco quiero tenerla.

 

 

 

¿Arepas o petróleo?

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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¿Por qué le cuesta tanto a Estados Unidos respetar la soberanía de Venezuela? ¿Será que ellos aman tanto así las arepas, con la misma intensidad que Standars&Poors son amantes asimismo de las gorditas, que un día sí y el otro también les gusta meterse con México y su economía, que ellos la ven de una manera y los pobres de México comenzamos a verla de una manera totalmente diferente a cien días de distancia de que un nuevo gobierno asumió la conducción del país? Y no, no se trata de ver, nosotros, con cierta preferencia a este nuevo gobierno, sino que, paulatinamente, entre otras cosas significativas el manejo del petróleo entre nosotros comienza a cambiar de manera significativa, de la misma manera que cambió en Venezuela desde hace veinte años, desde que Chávez llegó a la Presidencia de ese país y su situación social cambió.

            Mas, por el otro lado, no en balde pues, el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, amenazó sin recato a los venezolanos y a todos los latinoamericanos que a su país no le temblará ya la mano para volver a aplicar la doctrina Monroe (“América para los americanos”, que para ellos se traduce para los gringos) si no se someten a las reglas establecidas por la “democracia” capitalista que para nosotros los latinoamericanos consiste en la entrega de nuestros recursos naturales a sangre y fuego, si es que no lo queremos hacer “pacíficamente”. Esa ha sido nuestra relación con los estadunidenses aun cuando nuestras relaciones comerciales se den por las vías que se establecen legal e internacionalmente: para ellos, nosotros, siempre hemos sido socios que nos tenemos que someter a lo que ellos convenga. No hacerlo así significa exponernos al uso de la fuerza por parte de ellos, pues ningún organismo internacional, consideran ellos, tiene autoridad suficiente como para ponerles límites.

Ese espíritu colonialista que alimenta y sustenta a la doctrina Monroe y que hoy es la doctrina que alienta a la política exterior de Estados Unidos y la de los otros cincuenta países que lo acompañan se opone, de raíz, a la política sostenida por más de 150 países que, en la ONU, consideran una agresión en contra de Venezuela la posición de Estados Unidos y por eso las declaraciones de Rusia y China en defensa de la soberanía del país latinoamericano, que particularmente hoy sabe que Estados Unidos, en Venezuela, no busca precisamente arepas, como no busca gorditas con las presiones que en la actualidad, a través de sus calificadoras (Standars&Poors y Moodys), están ejerciendo en contra de México para que su gobierno modifique de raíz sus políticas sociales (particularmente la económica en su rama energética) y cambie de ruta a fin de retomar el rumbo capitalista que hasta hace 120 días tenía.

            ¿En qué irá a culminar ese dilema de los ataques abiertos y encubiertos del gobierno de Estados Unidos en contra de la soberanía de los países de América Latina? ¿Se impondrá impunemente, sin defensa, la doctrina Monroe una vez más? ¿Nada podrán hacer México, Venezuela, Bolivia y Uruguay para evitar ese ataque en despoblado? ¿No podrán esas naciones, entre todas, mandarle al gobierno estadunidense un paquete de arepas y de gorditas si algo busca de América Latina?