La Conquista fue la aniquilación de culturas
y la destrucción de memorias: Enrique Semo

 

* Afirmo que la conquista de la América septentrional y del Perú cambió el mundo * En Europa estaba sucediendo un gran acontecimiento histórico, el surgimiento del capitalismo * Un capitalismo temprano

 

José Ángel Leyva / La Otra Gaceta

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Para los lectores de La Otra, publicamos aquí una versión más extensa y menos afinada de dicha entrevista concedida al suplemento cultural La Jornada Semanal.

 

Enrique Semo Calev, 1930, referente de la historia económica mexicana y latinoamericana, nacido en Bulgaria, de padres judíos sefarditas, llegó a la edad de 11 años a México donde se naturalizó y donde es parte de la historia intelectual y política de este país, su patria. Hoy, ya  cercano a los 90 años de edad, nos sorprende con un libro sobre un tema que parece agotado y sin embargo se abre como llaga infecta: la Conquista de México. No aborda la Colonia, sólo ese proceso de apropiación y dominio, de sometimiento de nuevos territorios: La Conquista. Catástrofe de los pueblos originarios, una voluminosa obra de alrededor de 900 páginas, dividida en dos tomos, que en breve aparecerá con el sello de Siglo XXI Editores.

 

Semo explica con lucidez los significados de este acontecimiento histórico y su representación en la memoria del México actual. “La Conquista fue una catástrofe para los habitantes originarios de estas tierras. Sólo se puede comparar con una plaga de la langosta, langosta humana, que a su paso arrasa con todo, que devora con voracidad sin límite. Desde su nacimiento el capitalismo produce el colonialismo, en realidad son dos fenómenos inseparables. Lo que pasó en la América Septentrional, luego conocida como Nueva España, es parte de la historia universal. La invasión de una pequeña banda de hombres, hijodalgos venidos a menos y aventureros que buscaban ascender en la sociedad española, estratificada rígidamente, haciéndose ricos por medio del saqueo y la esclavización de pueblos de un desarrollo técnico inferior fue parte de la historia del capitalismo temprano. La Conquista fue la confrontación brutal entre una sociedad que tecnológicamente aún vivía en la edad de piedra, contra otra que empleaba la espada y la daga de acero, el cañón, el arcabuz, caballos y perros de presa. Tal era la distancia en términos de armas y formaciones militares. Es como si un ejército contemporáneo invadiera la España del siglo XVI”, explica Semo.

 

Pero ¿qué motiva a un historiador especializado en la antigüedad y la Colonia y, en los últimos decenios, dedicado al estudio de las grandes transformaciones planetarias como el derrumbe de la Unión Soviética y los procesos políticos en México, a revisar un acontecimiento que comenzó en marzo de 1519?

 

La Conquista, fenómeno extraordinariamente brutal está en el origen de la nación mexicana y tuvo y tiene consecuencias muy graves en el desarrollo de nuestra sociedad como son el racismo, la violencia crónica de los de arriba contra los de abajo, la destrucción de ciertas culturas y la imposición de otra. España representaba un territorio fragmentado de pueblos con lenguas e identidades diferentes, pero con una cierta afinidad cultural. Se hablaba de Hispanya, como el espacio común de la cristiandad ibérica. En cuanto a los pueblos originarios del llamado Nuevo Continente no tenían una conciencia de indígenas, de unidad continental. Cada etnia, ciudad-Estado, poesía su propia noción de pertenencia e identidad y de diferencia con los otros, ellos eran tlaxcaltecas, aztecas, mayas, nahuas, etcétera, pero no indígenas y durante toda la conquista actuaron como tales.

 

No obstante, esa conciencia del Otro, del distinto, surge de ambas partes cuando se ven, cuando se identifican como extraños, ajenos a sus mutuas realidades, a sus conocimientos de lo que cada uno piensa que es. Este choque de realidades ¿Hasta qué punto se trata también de la conquista del otro, del sometimiento de lo desconocido, de la apropiación y aniquilación de una memoria ajena?

 

Ese es uno de los grandes temas de mi investigación. Los españoles ya habían conquistado a sangre y fuego las  islas Canarias cercanas a España, y desde 1492 se habían establecido en el Caribe y habían aniquilado a toda la población originaria. No quedó un aborigen para contar la historia. Es decir, más de un cuarto de siglo antes de la llegada de Cortés a tierras continentales los españoles eran colonialistas consumados. Los mexicas habían tenido noticias de la presencia europea, porque el imperio azteca tenía espías a todo lo largo de las costas y habían tenido ya contacto físico con algunos españoles. Cada religión y cada cultura buscaron integrar al otro para desintegrarlo en su propio imaginario. Por ejemplo, varios autores españoles esgrimían la teoría de que los indios eran la famosa tribu judía perdida en el éxodo, que llegó hasta el Nuevo Continente. Se buscaba asimilar lo nuevo, lo extraño en la historia ya conocida y que estaba basada en su lectura de La biblia. Esa forma de integrar lo desconocido en lo conocido se dio constantemente en los dos campos. Los mexicas, durante un tiempo breve, pero decisivo asociaron la presencia europea con la promesa del retorno de Quetzalcóatl, pero muy pronto la desecharon. En ese sentido, los pueblos originarios tuvieron más dificultad para imaginar quiénes eran los españoles, por falta de antecedentes parecidos en su historia. Pero la explicación mítica o religiosa de la nueva realidad estaba presente de los dos lados, naturalmente mucho más entre los indígenas.

 

España, como buena parte de Europa, emergía del Medioevo, provenían de sociedades feudales. Tú afirmas que la Conquista fue un detonante para la aceleración del desarrollo capitalista.

 

Afirmo que la conquista de la América septentrional y del Perú, cambió el mundo. En Europa estaba sucediendo un gran acontecimiento histórico que no se daba en otros lados del planeta, el surgimiento del capitalismo, un capitalismo temprano. Así, dicha conquista conllevó una relación colonial diferente, pues aunque los conquistadores se identificaban como españoles, detrás de ellos había un ejército de comerciantes, de prestamistas de diversos orígenes europeos que estaban trabajando activamente en el desarrollo del capitalismo. La conciencia de lo que significaba el Nuevo Continente cambió la mentalidad de los europeos, que se lanzaron de inmediato a navegar por los mares del mundo. Mi teoría es que sin América, el salto que se dio en tres siglos (XVI a XVIII) hubiese requerido mucho más de tiempo para su desarrollo. La Conquista no fue, pues, sólo de España o las Españas, sino de Europa en su conjunto: italianos, holandeses, ingleses y muchos otros europeos. Lo cierto es que representó una destrucción gigantesca y la desaparición de población americana prehispánica en proporciones colosales. La Conquista no se reduce a la caída de Tenochtitlan, es un proceso más largo y sólo se puede comprender si se tienen en cuenta a todos sus actores: mesoamericanos, chichimecas, mayas, y también europeos, españoles y africanos.

 

España había sido ocupada por los moros durante siete siglos, luego los españoles descubrieron y conquistaron nuevas tierras precedidos por la reconquista de sus territorios y la expulsión de judíos y árabes. Pero la historia también les ofrecía el relato de los imperios griego y romano ¿Qué mentalidad de ocupación y de conquista dominaba en los españoles?

 

En primer lugar la mentalidad de la reconquista. Tras la caída de Granada, que fue el último bastión musulmán, se habló inmediatamente de nuevas cruzadas para recuperar Jerusalén. El espíritu de expansión cristiana estaba enraizado en la idiosincrasia española que se forjo en la expulsión de judíos, mozárabes y la guerra contra el protestantismo. Además había una razón económica. Para poder comerciar con China y la India necesitaban oro, pues Europa era en los siglos XIV y XV, comparada con estas culturas, bastante atrasada. El hambre de metales preciosos era ilimitada. Por otro lado, había comenzado el movimiento de Reforma en 1517, luego de que Lutero clavara sus 95 tesis en las puertas de la iglesia de Todos los Santos de Wittenberg, y los reyes de Castilla y Aragón le declararan la guerra al protestantismo en favor del papado, acusado de corrupción. Los españoles se habían convertido en defensores a muerte del catolicismo. La población amerindia era, sin duda, un gran semillero para la conquista de nuevos fieles  del cristianismo católico. En la conquista participaron conquistadores armados y frailes de la iglesia, cada uno con sus motivos.

 

Se afirma que la mayoría de los conquistadores españoles eran hidalgos venidos a menos, labradores y una ralea de expresidiarios y tunantes. Pero en España dominaba una mentalidad guerrera ¿Cómo se explica la capacidad organizativa, estratégica y predadora de esos grupos no militares?

 

Cierto, para los españoles, la guerra no era algo ocasional, sino durante la reconquista y la construcción del gran imperio de Carlos V, una presencia constante en la vida  y en el imaginario popular. Carlos V había heredado por razones familiares media Europa y se proponía erigir algo semejante al Sacro Imperio Romano. Hay una cosa muy importante que subrayar. Los conquistadores que acompañaban a Hernán Cortés en su empresa no eran militares, pues éstos se hallaban emplazados en otros puntos de Europa que le interesaban a la Corona Española, y no tenían disciplina militar, era un grupo disímbolo en sus antecedentes y linajes, en sus oficios, lo único que los unía e identificaba era la ambición del oro y la conversión de los infieles. No estaban financiados por el Estado español, se habían financiado a sí mismos en su empresa. Tenían más de piratas que de un ejército regular. La piratería era algo muy común en la época y creció más con el tráfico de riquezas del Imperio Español.

 

Uno se pregunta, ¿de dónde entonces la superioridad militar? Sin duda, Cortés fue el más capaz de todos los conquistadores, fue el único que logró mantener unido a su grupo (que varias veces se amotinó). Era un hombre carismático, de una ambición sin límites, sagaz y muy político. No debemos olvidar que los aztecas eran también un pueblo guerrero y poseían un ejército bien organizado, pero tenían en su contra a pueblos enteros que sufrían su avasallamiento, los frecuentes saqueos y la obligación de proporcionar víctimas para los sacrificios.

 

Hernán Cortés se describe a sí mismo en las Cartas de relación como un héroe, como una figura suprahumana. Evidentemente él quiere ganarse la gracia del Rey, pero, tú historiador: ¿Cómo juzgas a dicho personaje en tales escritos? Y otra inquietud, ¿qué piensas que motivaba al conquistador a someterse a la autoridad de la Corona cuando él podía declararse emperador de los nuevos dominios?

 

No hay que subestimar lo que era el Imperio Español en aquel momento. Los conquistadores deseaban regresar a su origen a lo que ellos llamaban el mundo civilizado, y disfrutar de sus riquezas en casa, y para ello era necesario estar bien con los dueños de esa casa. El poder en España tenía dos cabezas, una era el emperador y la otra la Iglesia. Además estaba el peligro de las otras potencias. Tanto Cortés como Pizarro pensaron durante un breve tiempo en separase de su autoridad pero rápidamente cambiaron de opinión.

 

Todos los conquistadores le escribían cartas al Rey, y cada carta era un testimonio de sus hazañas como si hubiesen sido escritas por Don Quijote. Eran cartas de merecimiento y, por tanto, exageraciones. En el caso de Cortés, muchas de las acciones que él narra son hechos comprobables, pero siempre vistos a través de una lupa de aumento.

 

La espada y la cruz son símbolos de la Conquista y de la colonización. La cruz, ya lo acabas de referir, era un imperativo para ganar adeptos, y la espada un artefacto letal. ¿Qué significado le das a la espada en la Conquista?

 

Una importancia fundamental. Los amerindios empleaban el macuahuitl, una macana a la que incrustaban puntas de obsidiana. Era un objeto contundente, para matar había que asestar dos o tres mazazos, mientras que la espada era de acero y mataba con la punta, con los filos, servía para parar los golpes, para desviar, para aumentar los alcances del brazo con estocadas. El manejo de la espada era objeto de un arte, la esgrima

 

El esclavismo fue un hecho inmediato. Mencionas en tu investigación la práctica del propio Cortés y sus lugartenientes, sus encomenderos, de marcar con hierro candente, como bestias, incluso en la cara, a sus esclavos amerindios.  ¿Cómo se concebía en un primer momento el aprovechamiento de la fuerza de trabajo?

 

El esclavo indígena era una mercancía muy demandada en el Caribe y las minas en época de desastre demográfico. Hay evidencias abundantes de esa práctica entre los conquistadores. Usaban fierros especiales para marcar a los esclavos como ganado. Los marcaban principalmente en la cara para indicar su dueño, que podía ser del Rey (el quinto real) o un encomendero. Podía ser de Cortés y si lo vendía o de cualquier otro. Muchos tenían varias marcas y quedaban desfigurados.

 

La institución católica estaba en entredicho por su evidente corrupción, como las indulgencias concedidas a cambio de dinero y de favores ¿Cómo pudo imponer una moral en los nuevos territorios, cómo se legitimaba?

 

Aunque los cruzados luchaban por la fe, y por la recuperación de Tierra Santa, no era garantía de que cumplirían las leyes básicas de la religión: no matar, no mentir, no robar. El catolicismo tiene esa maravillosa concesión que libera de toda culpa al infractor, que es la confesión. Tiene pues la oportunidad de rezar como un santo y conducirse en la guerra como un salvaje, sobre todo si las atrocidades se cometen en el nombre de Dios y de la religión. Los españoles se persignaban y hacían una misa antes de cada batalla, tras las acciones destructivas volvían a realizar otras misas y a encomendarse al Todopoderoso y a invocar virtudes como la piedad, la esperanza, la caridad. En cambio entre los amerindios la guerra era parte de su concepción religiosa, capturar enemigos, sacrificarlos, era considerado como acto meritorio. Pero los frailes y los misioneros son otra cosa, se identificaron con el indígena, aprendieron su idioma, estudiaron su religión, los defendían de los excesos del conquistador, pero a la vez eran despiadados con los que persistían en su idolatría.

 

¿Qué diferencias hay entre la conquista de México y la conquista de los pueblos de Sudamérica y de Norteamérica? Pues si la de México fue atroz, la de estos dos extremos fue de exterminio total, como la del Caribe.

 

Hay muchas diferencias que provienen de Europa y de los distintos momentos que viven. Por ejemplo, los ingleses que vinieron en el siglo XVII eran miembros de religiones perseguidas, pero eran además hombres ya del capitalismo. Venían a América para trabajar y hacerse ricos por medio del trabajo y el comercio. Pero los españoles de la Conquista venían a señorear. No estaba en su mentalidad el trabajo. No concebían que un hidalgo, aunque fuese pobre, trabajase en el campo o en la construcción, o en las minas. Ellos venían a esclavizar, a someter al otro a su servicio, a elevar su posición y su linaje. El inglés venía a poseer una propiedad, a trabajar tierras, a comerciar y en lo posible a hacerse rico, y además a liberarse de la opresión religiosa. Es como dice Max Weber, el capitalismo no sólo es un modo de producción, es una mentalidad diferente a la mentalidad medieval. Pero la explotación esclavista existió con los africanos y en el siglo XIX, lo yanquis, aniquilaron físicamente a los pueblos originarios del norte. Ni siquiera los explotaron, porque era una manera de liberar territorios para los colonos europeos. Esta diferencia en la estrategia colonialista produjo diferentes sociedades.

 

Ya desde el siglo XVI, los mapas europeos consideran la América española, incluyendo la Nueva España, Perú y una buena parte del continente. Pero en la realidad quedaban grandes extensiones que los españoles nunca pudieron conquistar y que estuvieron pobladas durante mucho tiempo por pueblos originarios libres. No eran pues dominios españoles, sino indígenas. Por lo menos un 20 por ciento de la así llamada América Española no fue conquistada y se mantuvo en manos de los mapuches en Chile, y los llamados chichimecas, apaches, comanches en la Nueva España. Los yaquis son ejemplo de pueblos que lograron negociar y defender un alto grado de autonomía.

 

“El que tiene el control del pasado tiene el control del futuro.” reza la cita de George Orwell en uno de tus epígrafes. ¿Funcionó así con los españoles del siglo XVI?

 

Todos los hombres viven simultáneamente tres momentos. El pasado, que constituye su formación por el lado de padres y abuelos, el pueblo y el territorio donde se ha nacido y ha crecido, la experiencia de los ancestros, que puede vivirse de manera inconsciente. El presente, que es la acción, y el futuro que es imaginario totalmente. Todos esos momentos, aunque distintos entre sí, depende uno del otro y son indisolubles. El que tiene el dominio de su pasado tiene el control de su presente. La historia es entonces un campo de batalla sembrado de muertos y de héroes ficticios. Hoy en día Cortés y Cuauhtémoc siguen combatiendo en la cabeza de cada persona que se pregunta de dónde viene, quiénes son sus padres, quiénes lo hicieron. El que maneja las respuestas de esas interrogantes posee más de un tercio de cada individuo.

 

¿Qué ofrece de nuevo tu investigación, que la diferencie de otras obras sobre el tema?

 

Hay muchos y excelentes trabajos, pero podemos citar tres o cuatro cosas, entre ellas el hecho de que la conquista de la América Septentrional lo que se llamó la Nueva España fue un asunto de importancia universal, impulsó el capitalismo temprano y produjo un desastre demográfico.

 

Segundo, la Conquista de México no se puede identificar con la conquista del imperio azteca. Debe considerarse todo el territorio que fue más tarde México; dicha conquista enfrentó varias formas de resistencia  más o menos duraderas y exitosas, sobre todo en el norte y el sur, sureste. Así fue la de los mayas en Yucatán y Chiapas y las diversas etnias de los llamados genéricamente chichimecas.

 

La historia no se puede cortar, como si fueran rebanadas de pan. Hay que tomar en cuenta las diferencias de tiempo y lugar y las múltiples continuidades. La llegada de los españoles no dio fin automáticamente a las guerras indígenas de la época posclásica tardía. Los 120 mil guerreros que participaron en la toma de Tenochtitlan no fueron en su mayoría europeos, sino amerindios. Los españoles representaban un porcentaje ínfimo, pero decisivo.

 

Así que la conquista puede decirse fue también una guerra entre dominadores aztecas y pueblos sometidos en su imperio, y fue de una enorme ferocidad. La conversión de los indígenas pretendió borrar el pasado religioso de los pueblos originarios y consecuentemente apropiarse de su conciencia, de su memoria, de sus valores, de su relación con la tierra, de su dignidad, una conquista de las mentes. En 1994 los indígenas de Chiapas se rebelaron contra el Estado mexicano. Ese episodio significa, la Conquista, no es totalmente parte del pasado, hay representantes de los pueblos originarios que aún no aceptan la realidad impuesta, que se resisten a perder su identidad y su memoria.

 

Quizás el asesinato de las culturas amerindias sea tan doloroso como el asesinato físico. Un asesinato perpetrado por sujetos que en lo individual  pueden ser considerados santos pero que impusieron un sistema de pensamiento brutalmente intolerante hacia otras maneras de concebir la realidad. Una lamentable consecuencia central de la Conquista fue: la aniquilación de culturas, la destrucción de memorias.

 

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