Acusados
a la CPI,
paradojas de la justicia
Tatiana
Martínez Hernández / Prensa Latina
difusion@cl.prensa-latina.cu
Es
la segunda ocasión en que la Corte Penal Internacional
(CPI) emite una orden de arresto contra el líder de
una nación subdesarrollada; primero, el presidente
sudanés Omar Hassan Al Bashir, y ahora, el gobernante
libio Muammar Kadafi.
El
pasado 27 de junio, la CPI dispuso el arresto de Kadafi,
tal como lo hizo en 2009 con Al Bashir, el primer
jefe de Estado en ejercicio acusado por la justicia
mundial. Ambos casos recibieron el rechazo de la Unión
Africana, de gobiernos y de gran parte de la opinión
pública.
Un
tribunal especial para Yugoslavia, juzgó en 2001 al
expresidente Slobodan Milosevic, quien murió en prisión
en 2006, cuando preparaba su autodefensa en la que
culpaba a Estados Unidos y a Europa de propiciar los
sucesos en los Balcanes.
La
inclinación por investigar y procesar a líderes de
naciones tercermundistas y contrarias a las políticas
hegemónicas de Washington, convierte a la CPI en un
ente de dudosa credibilidad, coinciden políticos.
La
rapidez con la que logran reunir las pruebas para
enjuiciar a unos, contrasta con la dilación en otros
casos, en especial las acusaciones a Estados Unidos
y sus aliados por los crímenes cometidos en las intervenciones
a Irak, Afganistán y otros países.
Aunque
se presenta como una entidad independiente, lo cierto
es que actúa de acuerdo con los intereses de sus mayores
donantes, y, legalmente, según los casos sentenciados
en el Consejo de Seguridad de la ONU, sean los acusados
procedentes o no de estados miembros de la CPI.
La
resolución 1973 del máximo órgano de la ONU, autorizó
en marzo último una zona de exclusión aérea contra
el país árabe y, aunque no incluyó los miles de bombardeos
y menos, una posible invasión, sirvió de pretexto
para dar las órdenes de arresto.
Las
historias se repiten, en cada caso, con el mismo modus
operandi exhibido en los tiempos posmodernos, tras
el fin de la llamada Guerra fría y la era de la globalización
neoliberal.
En
la otrora Yugoslavia, la CPI fijó la detención del
depuesto presidente luego de una resolución del Consejo
de Seguridad para establecer una zona de exclusión
aérea en Bosnia.
La
invasión a Irak no recibió, en principio, el respaldo
de la ONU, pero la resolución del Consejo de Seguridad,
en abril de 1991 contra ese gobierno, fue utilizada
para legitimar la llamada intervención humanitaria
de la coalición encabezada por Washington, país que
impuso, unilateralmente, una zona de exclusión aérea.
Ante
tales antecedentes, el mundo vive hoy, parafraseando
la célebre novela de Gabriel García Márquez, la crónica
de una invasión anunciada.
La
reciente orden de arresto emitida por el fiscal jefe,
el argentino Luis Moreno Ocampo, acusa de crímenes
contra la humanidad al líder del país norafricano,
a su hijo Saif Al-Islam y al jefe de Inteligencia,
Abdulah Al-Senussi.
El
ministro libio de Justicia, Mohammed Al-Qamoodi, denunció
a la Organización del Tratado del Atlántico Norte
(OTAN) por tratar de asesinar a Kadafi, y aseguró
que los bombardeos contra su país constituyen crímenes
contra la humanidad.
Al-Qamoodi
considera a la CPI herramienta del mundo occidental
para juzgar a líderes del tercer mundo e irreconoce
su legitimidad por no ser Libia signataria del Tratado
de Roma.
Además,
no se puede entender la decisión de capturar a un
presidente que está bajo el bombardeo constante de
fuerzas extranjeras, sentenció el dignatario boliviano,
Evo Morales.
Algunos
presidentes europeos están totalmente equivocados,
y en lugar de ser juzgados quienes atacan, quieren
condenar a los que enfrentan una intervención militar,
fustigó Morales en declaraciones al diario mexicano
La Jornada,
el pasado 3 de julio.
El
vicario de Roma en Trípoli, Giovanni Innocenzo Martinelli,
testimonió a Telesur las muertes de civiles por las
bombas de la OTAN, entre ellos los cuerpos destrozados
del hijo y nietos del líder libio. Europa no pretende
la defensa de los ciudadanos, sino está interesada
en sus recursos naturales, en especial el petróleo,
aseguró.
Mientras
que rebeldes intentan llegar a la capital apoyados
por las fuerzas extranjeras, Aicha, una joven libia
entrevistada para el sitio rebeldia.com, se pregunta
por qué Estados Unidos, Francia y Reino Unido deciden
el futuro de mi país.
"¿Nosotros
le decimos a (Barack) Obama, vete? ¿Podemos ir allá
y decirle, vete? Entonces tiene que irse Obama, tiene
que irse (Nicolas) Sarkozy, tiene que irse (David)
Cameron", enfatizó.
Más
de 900 muertos provocaron los bombardeos de la OTAN
a tres meses de iniciados los ataques, informó desde
Trípoli el corresponsal de Telesur.
Entonces,
¿cómo no juzgar a Estados Unidos por crímenes de lesa
humanidad en las intervenciones militares contra Afganistán,
Bosnia, Irak, Libia y otros pueblos del tercer mundo?
La
OTAN y sus gobiernos deben estar también en el banquillo
de los acusados. Pruebas hay de sobra para demostrar
las víctimas civiles en sus bombardeos aéreos, navales
y terrestres utilizando un alarde de tecnología militar
cada vez más efectiva, según los fabricantes.
Cuestionable
si se tienen en cuenta los errores y mal llamados
daños colaterales provocados por los aviones no tripulados
(drones) y aeronaves que seleccionaron sus presas
con precisión miope.
Pero
seguramente no se investigará ni ordenará el arresto
de los uniformados que asesinaron a nueve civiles
en junio pasado en Libia, entre ellos tres niños,
en un bombardeo sobre el barrio de El Arada. Otro,
en la ciudad afgana de Helmand, mató a 12 menores
y a dos mujeres al confundir una casa con una trinchera
de la insurgencia, admitió la OTAN en un comunicado.
Entre
2003 y 2008 en Irak, las fuerzas de la coalición provocaron
la muerte a más de 92 mil 600 civiles, la mayoría
mujeres y niños, según un estudio de organizaciones
humanitarias.
¿Se
puede aceptar la intransigencia del gobierno de Israel
que obstaculiza el acuerdo en la ONU para legitimar
el Estado palestino, mientras continúa con los ataques,
bloqueos e invasión al territorio árabe?
¿Dónde
estaba la justicia internacional cuando la ocupación
de Irak y de Afganistán, los bombardeos en Gaza y
los crímenes cometidos en las prisiones de Guantánamo
y Abu Ghraib?, sentenció el mandatario sudanés Al
Bashir, poco antes del fallo de la CPI en su contra.
Sudán
y Libia no son miembros de la CPI, tampoco Israel
y Estados Unidos, y éste último aprobó en el 2002,
durante la administración de George W. Bush, la Ley
para la protección del personal norteamericano allende
los mares. Ésta impide reconocer cualquier decisión
de ese órgano penal y autoriza al presidente a utilizar
"todos los medios necesarios y adecuados para lograr
la liberación de cualquier (estadunidense o aliado)
detenido o encarcelado, en nombre de, o a solicitud
de la CPI".
Se
olvida ponerle el prefijo in a la palabra justicia.