Chávez
ante su prueba más difícil
Atilio
Boron / Agencia Latinoamericana de Información
info@alainet.org
El
inesperado retorno de Chávez y su reciente declaración
admitiendo haber sido operado de un tumor canceroso
han conmovido a la opinión pública dentro y fuera
de Venezuela. La derecha vernácula, fuertemente respaldada
por sus soportes financieros y políticos radicados
en Estados Unidos y España y descaradamente apoyados
por Washington y Madrid se entusiasma (y se engaña)
pensando que lo que no pudo lograr en doce años: la
destitución del líder bolivariano –por cualquier método,
sea por la vía electoral o por la sediciosa del golpe
militar o el paro petrolero– lo lograría ahora gracias
al cáncer.
El
pueblo chavista, en cambio, fue víctima de la incertidumbre
provocada por la inexplicable ausencia de noticias
sobre la salud de Chávez y, sobre todo, ante la cada
vez más inverosímil versión de que su prolongada estadía
en La Habana obedecía a la extirpación de un absceso
pélvico. Los peores presagios se confirmaron cuando
una declaración del canciller Nicolás Maduro reveló
que el presidente estaba librando “una gran batalla
por su salud.” No obstante, poco después y en vertiginosa
sucesión se produjeron cuatro novedades de importancia,
de signo contradictorio: primero, la difusión de un
video grabado el 28 de junio en donde se ve a Chávez
conversando animadamente con Fidel, el cual aportó
una transitoria dosis de tranquilidad que sería alterada,
apenas dos días después, por el anuncio hecho por
el propio líder bolivariano de que está luchando contra
un cáncer. Cuando el pueblo se esforzaba por metabolizar
esta pésima noticia el oportuno “operativo retorno”
de Chávez, producido sorpresivamente en la madrugada
del 4 de julio, volvió a fortalecer el ánimo de sus
seguidores, lo que se ratificaría, en horas de la
tarde de ese mismo día, con la impresionante manifestación
de apoyo popular reunida para darle la bienvenida
al país. Una vez más el tablero político venezolano
experimentaba un abrupto cambio.
La
enfermedad de Chávez redobló la ofensiva (des)informativa
de los medios del imperio y sus aliados locales, arrojando
por la borda sin escrúpulo alguno sus poco creíbles
pretensiones de objetividad y profesionalismo y asumiendo
plenamente su lugar en la lucha de clases y su papel
de agentes de la manipulación política al servicio
de la restauración oligárquica. Como bien lo anotara
Modesto Emilio Guerrero, la CNN tergiversó maliciosamente
la información al tomar fuera de contexto la declaración
del canciller bolivariano y reducirla a cinco palabras
para titular la noticia con un mensaje apocalíptico:
"Chávez batalla por su vida". Cabe recordar que lo
mismo dijeron de Fidel en numerosas ocasiones, pero
según parece la frase resultó ser un tanto prematura.
La impotencia para derrotar a la revolución bolivariana
hace que los guardianes del viejo orden apelen a cualquier
recurso con tal de hacer avanzar un milímetro su innoble
causa.
La
prensa de derecha en Venezuela se regodeó anunciando
con títulos de catástrofe el padecimiento del presidente,
exigiendo junto a la alucinante e impresentable colección
de políticos opositores (de lejos, la mejor carta
de triunfo de Chávez para las presidenciales del 2012)
que el vicepresidente Elías Jaua asumiera la Presidencia
y se le concediera una licencia por enfermedad al
presidente bolivariano dado que, siempre según la
opinión de estos celosos custodios de la república
y la democracia, el hombre ya estaba fuera del juego.
El
regreso de Chávez y la formidable movilización popular
con que lo recibiera su pueblo fueron suficientes
para demostrar el absurdo contenido en aquellas afirmaciones
animadas por un afán, tan incontenible como inocultable,
de desestabilizar al gobierno. Su aparición ante una
multitud reunida en la Plaza Bolívar habla con elocuencia
de su extraordinaria capacidad de convocatoria, de
ninguna manera atribuible al fantasmal aparato partidario
bolivariano, el PSUV, cuya capacidad de movilización
y organización se aproxima peligrosamente al cero.
La gente concurrió “por las suyas” dando rienda suelta
a la inmensa satisfacción que le producía el regreso
de su líder. Hay que señalar también otro dato muy
significativo: Chávez lucía sorprendentemente bien
para un hombre que está siendo sometido a un duro
tratamiento oncológico. Pudo entonar el himno nacional
con su habitual enjundia y arengar con apasionamiento
a sus seguidores. Fiel a su estilo, hasta llegó a
disculparse en su alocución, por no haber tenido tiempo
para chequear si el sonido llegaba hasta los últimos
confines de la manifestación. Sus ministros saben
muy bien de esta vocación por estar al día hasta de
los menores detalles de su gestión, algo que en esta
fase de convalecencia en que se encuentra deberá ser
rigurosamente dosificado. Malas noticias pues para
el imperialismo y la reacción que apostaron a su alejamiento
de la escena política o a la parálisis del aparato
gubernamental. Ni lo uno ni lo otro. Chávez volvió,
y demostró que su mística y su carisma siguen intactos.
Y en relación a lo segundo, lo que salta a la vista
es que durante los 29 días que duró su tratamiento
médico en La Habana el gabinete ministerial –que incluye
a un buen número de promisorios jóvenes ministros
y ministras– respondió muy bien ante el desafío y
continuó funcionando en consonancia con sus parámetros
habituales. Ni “vacío de poder”, ni “ingobernabilidad”,
ni “parálisis de la gestión”, “ni inevitable torbellino
político”, como profetizaban las Casandra de la oposición
a través de sus múltiples medios que, incidentalmente,
controlan el 85 por ciento de la audiencia de la prensa
gráfica y los medios radiales y televisivos, lo que
no es óbice para que la derecha y el imperialismo
siguen diciendo que Chávez ejerce un control dictatorial
sobre los medios de su país.
El
líder bolivariano debe ahora priorizar su salud y
ganar esa batalla antes de lanzarse con fuerza al
ruedo electoral del 2012. La estrategia de sus enemigos
será la provocación constante, para tentarlo a que
se involucre y desangre en las escaramuzas previas
y hacer que llegue física y psicológicamente debilitado
a la compulsa electoral del año próximo. Ojalá que
su volcánico espíritu, que tanto le ha ayudado en
el pasado, pueda ahora ser controlado para responder
con frialdad ante el desafío de su salud y las provocaciones
de la oposición. Se le vio muy bien durante su discurso
del 4 de julio. Pero sería un error fatal creer que
podrá mantener sin cambios el hiperactivismo presidencial
del pasado. Asumir a plenitud su enfermedad y las
elevadas posibilidades que tiene de curarse sería
uno de los más grandes servicios que podría prestar
a la revolución bolivariana. Venezuela y América Latina
y el Caribe necesitan de Chávez por largos años. Su
visión estratégica y global, su fuerza de voluntad
y su capacidad para generar iniciativas que fortalecen
la autodeterminación de nuestros pueblos (como el
Alba, Petrocaribe, Telesur, la Radio del Sur, el Banco
del Sur, Petrosur y tantas otras más) hacen de Chávez
un aporte irreemplazable en las luchas por la definitiva
emancipación de nuestra América. Es un hombre que
hace décadas viene librando exitosamente grandes batallas,
pero ésta es algo especial. Dependerá en gran medida
de él que podamos contar con su valiosísima presencia
en los tiempos decisivos que se avecinan.