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La masacre
de Mazocoba
Gerardo
Peláez Ramos
gerardo_pelaez@hotmail.com
Las
fértiles tierras del valle del Yaqui atrajeron la codicia
de los españoles, durante la Colonia, y de los oligarcas
mexicanos, en la etapa nacional. Con la utilización
de los métodos de la expropiación violenta,
el genocidio, el destierro y la esclavización de la
tribu yaqui, intentaron, y en parte lograron, apoderarse de
partes de ese rico territorio; pero se encontraron con una
decidida resistencia armada de los yaquis en defensa de sus
tierras, su autogobierno y su identidad étnica. La
etnia se levantó en armas, organizó sus tropas
e impulsó la lucha guerrillera contra el ejército
y los latifundistas que se apropiaban de sus terrenos. De
las filas yaquis surgieron caudillos políticos y militares
de gran arrastre de masas y duchos en la conducción
de combatientes, como José María Leyva Cajeme,
Juan Maldonado Waswechia Tetabiate, Pablo Ruiz Opodepe
y Juan María Sibalaume.
En la Guerra Yaqui, que se desarrolló a fines del siglo
XIX y principios del XX, abundaron batallas, matanzas, robos
de los represores, venta de indios que eran explotados en
Yucatán, Campeche y Oaxaca, violaciones de la soldadesca,
negociaciones y tratados, todos ellos violados por el Estado
mexicano. El régimen porfirista impuso el terror y
los yaquis, combatientes, civiles, mujeres, niños y
ancianos, fueron objeto de asesinatos en masa y cazados como
enemigos extranjeros. Estos hechos forman parte de las grandes
vergüenzas nacionales de nuestra historia.
En el conjunto de acciones armadas de la Guerra del Yaqui,
la más trágica y de más graves consecuencias
para la resistencia de la tribu fue la masacre del 18 de enero
de 1900 en Mazocoba, montañas del Bacatete, Sonora.
Una partida guerrillera fue localizada por tres columnas del
ejército federal en dichas montañas y los combatientes
yaquis se concentraron en el cañón de Mazocoba,
desenvolviéndose el combate durante todo el día.
El 21 de febrero, el general Luis E. Torres informaba sobre
esa batalla: "Las pérdidas del enemigo fueron
más de 400 muertos, sin contar los que se precipitaron
al fondo de los barrancos, que fueron muchos.
"Entre los cadáveres del enemigo se identificó,
fuera de toda duda, el del cabecilla Pablo Ruiz (a) Opodepe,
a quien los rebeldes reconocían como jefe supremo,
y que fue sin duda el alma de la rebelión.
"Además se hicieron como 1000 prisioneros mujeres
y niños, la gran mayoría de los cuales murió
en el camino de Mazocoba al Tetacombiate; otros se extraviaron
y el resto, 834, queda a la disposición de Ud. en el
cuartel de las Guásimas".1
Para la dictadura porfirista la masacre de Mazocoba representó
"una fecha memorable y gloriosa",2
como escribió uno de los plumíferos racistas.
El 7 de febrero, Bernardo Reyes, secretario de Guerra y Marina,
felicitó al general en jefe de la I Zona Militar por
el combate de Mazocoba con las siguientes palabras: "(...)
el presidente de la República ha visto con agrado el
valor, pericia y eficacia que demostraron las fuerzas, así
como la buena dirección y acertadas disposiciones tomadas
por dicho jefe, tanto en las operaciones preliminares, como
durante el combate, lo cual se servirá Ud. mandar publicar
por la orden general para satisfacción de los jefes,
oficiales y tropas que concurrieron al asalto".3
Con alegría, el 16 de septiembre, Porfirio Díaz
informaba acerca de las campañas contra los yaquis
y los mayas, señalando sobre los primeros: "En
la región del Yaqui se ha redoblado, por medio de disposiciones
diversas, la actividad de la campaña que se prosigue
sobre los indios rebeldes. El resultado ha sido que el enemigo,
agobiado, ya no presente acción a nuestras fuerzas,
limitándose a huir de ellas. Así, pues, más
o menos dificultosa por los terrenos quebrados o montuosos
en que se verifica".4
A 110 años de la matanza de Mazacoba cabe resaltar
los enormes avances organizativos del movimiento indígena
en América Latina, con el Congreso Nacional Indígena
en México, la Coordinadora Andina de Organizaciones
Indígenas en Sudamérica, la Coordinadora de
las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica
y otras que enfrentan a los monopolios petroleros, gasíferos,
mineros y madereros, y a las oligarquías locales con
sus ejércitos, grupos paramilitares y guardias blancas.
El trecho recorrido es grande
y lo que aún falta.
1 Fortunato
Hernández, Las razas indígenas de Sonora
y la guerra del Yaqui, México, Ed. J. de Elizalde,
1902, p. 174.
2 Manuel Balbás, Recuerdo del Yaqui: principales
episodios durante la campaña de 1899 a 1901. Citado
por Ermanno Abbondanza, "La cuestión yaqui en
el segundo porfiriato, 1890-1909. Una revisión de la
historia oficial", en Signos históricos,
núm. 19, enero-junio de 2008, p. 111.
3 F. Hernández, Las razas..., p. 176.
4 "El general Díaz, el 16 de septiembre de 1900
al abrir el 20º Congreso de la Unión, el primer
período del primer año de sus sesiones",
Los presidentes de México ante la nación, t.
II, México, Impr. de la C. de Dip., 1966, p. 594.
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