Las
cuentas y los cuentos
Raúl
Moreno Wonchee /
El Nuevo Mexicano
wonchee_r@yahoo.com.mx
Es
una creencia generalizada que las elecciones sirven
para que los ciudadanos elijan a sus gobernantes por
lo que el voto es el instrumento supremo de la democracia.
Un ciudadano un voto dice el apotegma electoral. Suponiendo
sin conceder que así sea, habría que reconocer que
el asunto no es tan sencillo porque las cuentas nunca
resultan de la suma de las voluntades individuales
expresadas en las urnas sino de los cuentos que las
tuercen y las retuercen. Porque esas voluntades transmutadas
en votos suelen ser expresiones de la conciencia colectiva
deformada no tanto por la propaganda de los partidos
y candidatos sino por los intereses dominantes donde
ocurre la elección, los que se imponen con escalofriante
eficacia por el poder de los medios.
Y
hay de medios a medios. La televisión, no obstante
que en nuestro país opera con base en concesiones
estatales, es un instrumento formidable para introyectar
en la población no lo que el Estado considere adecuado
para responder al interés nacional y atender las necesidades
del desarrollo social sino lo que convenga al interés
particular de los detentadores de las concesiones
que no son objeto de ninguna regulación efectiva.
Por eso la televisión, lejos de ser un espacio para
la libertad de expresión, lo es para la promoción
de grandes privilegios, lo que en términos electorales
significa la mediatización del voto que enajena la
voluntad ciudadana. Por lo pronto, para que los votos
cuenten más que los cuentos, habría que sacar la televisión
de las elecciones.