Del 16 al 31 de
julio de 2011
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El humor de Alán

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Elecciones perdidas

 

Sergio Gómez Montero

gomeboka@yahoo.com.mx

 

Considerando nuestra debilidad
Ustedes hacen leyes para avasallarnos
En el futuro, esas leyes no serán cumplidas.
B. Brecht: Resolución de los comuneros.

 

En memoria de Sabino Espinoza,
jefe de San José de la Zorra

 

En política todo tiene sentido y por ende enseñanza. ¿Qué entonces puede uno aprender de lo sucedido el domingo 3 luego de las elecciones en el estado de México, Coahuila, Nayarit e Hidalgo? ¿Qué nadie, de hoy en adelante, volverá a parar al PRI durante otros 70 años? ¿Qué este país no tiene remedio y que entre más jodido más idiota? ¿Qué lección nos queda después de las elecciones mencionadas?

Lo primero que, obvio, tenemos que admitir, es que el PRI ganó esas elecciones. Segundo, como ilustra Pacote en sus cartones: el derrumbe del PAN gracias a la política errática y suicida del presidente espurio Calderón. Tercero, la necedad de la izquierda partidaria en erigir como única vía de lucha la electoral, que para nada conmueve los cimientos del neoliberalismo.

También como lección queda otra derrota: la de Manlio Fabio Beltrones como opción priísta a la Presidencia del país. Del domingo en adelante cabalga hacia allá en caballo de hacienda Enrique Peña Nieto.

Pero, hablando de derrotas, la más amarga, la que más duele es la de la cancelación de las elecciones como vía para lograr que la vida social de este país cambie. Luego del fraude del 2006 esa vía dejó de tener sentido, sobre todo porque estaba seriamente resentida luego de 1988 y eso hizo que se viniera al piso en 2006, arrastrando en su caída antes que nada al IFE y a los institutos electorales de los estados. Es decir que la base de la neutralidad y objetividad electorales ya no existe; lo único que hoy existe son aparatos burocráticos que operan sólo para encubrir lo fraudulento de todos (sí, todos) los procesos electorales, sean estos estatales o federales. Lo mismo puede decirse de los tribunales electorales federales y estatales. A la vez que, ¿qué fue primero: la abstención o las elecciones valiendo madre?

El factótum de lo electoral, que durante los primeros 70 años del PRI fue el corporativismo, hoy lo comparten a la vez, por un lado el poder enajenante de los medios (con la televisión jugando un papel primordial) y por el otro el miserabilismo, que compra votos a diestra y siniestra, sin que nadie ponga freno a ello, como tampoco al uso casi infinito de recursos propagandísticos de campaña, que siempre, cínicamente, superan los límites impuestos por una supuesta autoridad electoral.

Jugar bajo esas reglas conduce inexorablemente al suicidio electoral de las oposiciones.

Dado lo anterior es obvio que no se entiende el porqué, en este caso la oposición de izquierda (el infantilismo de López Obrador), se empeña en jugar sólo la carta electoral, sabiendo que eso sólo conduce a la derrota. No comenzar a experimentar en otros caminos (fundamentalmente los no partidarios y que conduzcan primero y antes que nada a una resistencia civil creciente y orgánica) será sólo seguir insistiendo en la derrota.

¿Tenemos, los ciudadanos, que esperar a que un redentor nos llame ya a experimentar esos caminos?

 

 

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