Elecciones
perdidas
Sergio
Gómez Montero
gomeboka@yahoo.com.mx
Considerando
nuestra debilidad
Ustedes hacen leyes
para avasallarnos
En el futuro, esas
leyes no serán cumplidas.
B.
Brecht: Resolución
de los comuneros.
En
memoria de Sabino Espinoza,
jefe de San José de la Zorra
En
política todo tiene sentido y por ende enseñanza.
¿Qué entonces puede uno aprender de lo sucedido el
domingo 3 luego de las elecciones en el estado de
México, Coahuila, Nayarit e Hidalgo? ¿Qué nadie, de
hoy en adelante, volverá a parar al PRI durante otros
70 años? ¿Qué este país no tiene remedio y que entre
más jodido más idiota? ¿Qué lección nos queda después
de las elecciones mencionadas?
Lo
primero que, obvio, tenemos que admitir, es que el
PRI ganó esas elecciones. Segundo, como ilustra Pacote
en sus cartones: el derrumbe del PAN gracias a la
política errática y suicida del presidente espurio
Calderón. Tercero, la necedad de la izquierda partidaria
en erigir como única vía de lucha la electoral, que
para nada conmueve los cimientos del neoliberalismo.
También
como lección queda otra derrota: la de Manlio Fabio
Beltrones como opción priísta a la Presidencia del
país. Del domingo en adelante cabalga hacia allá en
caballo de hacienda Enrique Peña Nieto.
Pero,
hablando de derrotas, la más amarga, la que más duele
es la de la cancelación de las elecciones como vía
para lograr que la vida social de este país cambie.
Luego del fraude del 2006 esa vía dejó de tener sentido,
sobre todo porque estaba seriamente resentida luego
de 1988 y eso hizo que se viniera al piso en 2006,
arrastrando en su caída antes que nada al IFE y a
los institutos electorales de los estados. Es decir
que la base de la neutralidad y objetividad electorales
ya no existe; lo único que hoy existe son aparatos
burocráticos que operan sólo para encubrir lo fraudulento
de todos (sí, todos) los procesos electorales, sean
estos estatales o federales. Lo mismo puede decirse
de los tribunales electorales federales y estatales.
A la vez que, ¿qué fue primero: la abstención o las
elecciones valiendo madre?
El
factótum de lo electoral, que durante los primeros
70 años del PRI fue el corporativismo, hoy lo comparten
a la vez, por un lado el poder enajenante de los medios
(con la televisión jugando un papel primordial) y
por el otro el miserabilismo, que compra votos a diestra
y siniestra, sin que nadie ponga freno a ello, como
tampoco al uso casi infinito de recursos propagandísticos
de campaña, que siempre, cínicamente, superan los
límites impuestos por una supuesta autoridad electoral.
Jugar
bajo esas reglas conduce inexorablemente al suicidio
electoral de las oposiciones.
Dado
lo anterior es obvio que no se entiende el porqué,
en este caso la oposición de izquierda (el infantilismo
de López Obrador), se empeña en jugar sólo la carta
electoral, sabiendo que eso sólo conduce a la derrota.
No comenzar a experimentar en otros caminos (fundamentalmente
los no partidarios y que conduzcan primero y antes
que nada a una resistencia civil creciente y orgánica)
será sólo seguir insistiendo en la derrota.
¿Tenemos,
los ciudadanos, que esperar a que un redentor nos
llame ya a experimentar esos caminos?