Elba
Esther: ¿Poder quebrado?
Sara
Lovera
saralovera@yahoo.com.mx
A
lo largo de la historia de la humanidad donde el poder
de los hombres nos ha dejado una perfecta cultura
misógina y machista, ha denostado a cuanta mujer se
ha encumbrado con las mismas armas que los poderosos
y/o con las armas "femeninas" de la belleza y la seducción.
Cualquier
mujer trasgresora, enajenada al poder o no, elocuente,
hábil, apetitosa por la ambición de poder, apasionada
o simplemente bella y seductora ha puesto de relieve,
sin descanso, un odio masculino que acabó con el prestigio
y la moral de figuras como La
malinche, Cleopatra, Carlota (la mujer del archiduque
de Austria), Catalina la Grande o La
güera Rodríguez. No importa la época o la situación.
Siempre es igual.
Recientemente
en México se desarticuló la imagen y el futuro de
un puñado de mujeres que lograron tener poder real
y que hoy están en el basurero de la historia. Razones
ha habido, sin duda. Es suficiente recordar las historias
truculentas en las que estuvieron envueltas Martha
Sahagún de Fox, Rosario Robles, Amalia García y Beatriz
Paredes, llevándose en la cola a otras como Dulce
María Sauri y Patricia Mercado, todas ellas juntas
para celebrar el 50 aniversario del voto femenino.
Naturalmente
hay desmemoria. Estas mujeres que recorrieron los
mismos caminos de quienes traicionaron sus ideas,
sus ideales y sus propósitos, por alcanzar espacios
propiedad de los hombres y como ellos cometieron errores
de los más simples a los más tremendos, se les ataca
profundamente, en su ser mujer.
El
enfrentamiento verbal entre un delincuente como Miguel
Ángel Yunes y una dirigente poderosa asentada en una
documentada estructura de poder corrupto, Elba Esther
Gordillo, nos ha mostrado ampliamente el cinismo de
la clase gobernante por una parte y, por la otra,
lo único que se les ha ocurrido a las huestes de las
redes sociales y de esta rápida comunicación por la
internet, es mostrar una fotografía retocada de la
profesora, con el busto al aire y una cara de bruja
inexpugnable.
A
Martha Sahagún, que hábilmente encabezó un proyecto
político evidente, se le atacó por su decisión de
tomar del poder, no como eso sino por "gobernar tras
el trono", llenándola de ideas sexuales y de bruja.
Nunca se le dio la categoría que tenía, una hábil
operadora política y decidida al poder.
Lo
mismo pasó con la romántica Rosario Robles, quien
hasta ahora se salvó de un juicio de la historia.
Sus acciones ayudaron a derribar el proyecto político,
si lo hubo, de un grupo que buscaba emprender la democratización
del país. En virtud de la visión misógina, ella contradictoriamente,
se salvó de ser calificada como traidora.
Ni
qué hablar del cambio y conversión de Beatriz Paredes
y del mal gobierno equivocado que hizo de su gubernatura
en Zacatecas, Amalia García, de ella es preferible
decir que ha sido manipulada por su hija, restándole
la responsabilidad de Estado que la llevó al fracaso.
Y así podríamos hablar de cada una, vista como mujer
y hasta con lascivia y no como lo que son: políticas
enajenadas al patriarcado, corruptas e irresponsables.
El
caso de La
maestra, que en los años 60 como sus compañeras
de viaje, creía en sus ideas; que en los 70 empezó
a tejer su ascenso y llegó hábilmente a la cúpula
del sindicato más numeroso, influyente e importante
del México contemporáneo.
¿Qué
fue lo que a estas mujeres les permitió ese camino?
La respuesta es sencilla, incluidas en la vorágine
del sistema político nacional, simplemente actuaron
como cualquier otro político: usar la demagogia y
los recursos de la nación para hacer su juego.
Cualquiera
de ellas se parece a Plutarco Elías Calles, a Carlos
Salinas de Gortari o a Fidel Velázquez. Su conducta
es igualita, pero hay que denostarlas femeninamente,
por el busto al aire, el novio o amante corruptor
o los favores de un padrino. Que no es eso lo que
son sino parte de un engranaje sustentado en la inmundicia,
la impunidad y los negocios, en un país que lo resiste
todo.
El
escandaloso caso de Yunes contra Elba Esther, no es
más que el último capítulo de los acuerdos y necesidades
del grupo empoderado.
Elba Esther fue llamada –yo estuve ahí– en 1971
por el entonces secretario de Educación Pública, Víctor
Bravo Ahuja, para hacerse cargo del desmantelamiento
de un tipo de sindicato que no servía ya a los intereses
centrales, primero en la Secretaría de Conflictos
del SNTE; más tarde para controlar la sección de ciudad
Netzhualcóyotl, luego en la sección 36 del estado
de México y más tarde, al lado de Carlos Jongitud
Barrios, para asaltar la Secretaría General del SNTE.
Sus
habilidades fueron consentidas y probadas durante
30 años. Ella, naturalmente tuvo cómo y con qué hacerse
del control del sindicato, en un espacio favorable.
Era tan buena y tan hábil que no dudó Carlos Salinas
de Gortari para acercarla al verdadero poder, para
amasar desde ahí, entre miles y miles de maestros
que podrían ser conducidos a apoyar y sustentar el
sistema.
Como
a todos los alfiles, piezas de un ajedrez, donde se
roba y corrompe, La
maestra hizo toda clase de favores.
Un
día se encumbró por sí misma y en menos de lo que
canta un gallo se enfrentó a su partido y creó su
propia organización sindical, dejando débil y sin
poder a la Federación de Sindicatos de la Trabajadores
al Servicio del Estado, luego creó para ella y sus
intereses, un partido político propio: el Partido
Nueva Alianza (Panal) y con esas herramientas se le
dio la categoría en 2006 de ser la instructora del
fracaso de Andrés Manuel López Obrador.
No
hay en el SNTE ni en ninguna otra dependencia, verdaderas
y eficaces auditorías, ni se levantó el pueblo por
el robo a mansalva y permanente de nadie. No pasó
nada cuando se supo que el hermano incómodo tenía
cuentas millonarias en Suiza, ni se le hace juicio
político a quien ha robado sistemáticamente en Petróleos
Mexicanos; tampoco ha caído un presidente, que como
Felipe Calderón, tranquilamente desde su despacho
ha sacado las armas y los ejércitos a las calles.
Ni nadie lo llama a cuentas por ser hoy el principal
operador de la destrucción de las instituciones.
Elba
Esther, de los que todos han recordado en sus sesudos
análisis, cómo es que se le dio un cheque en blanco
para operar, armar fraudes, movilizar al magisterio
y otros sectores para asegurar el poder a un partido
y a un presidente, colmando con cinismo por las frases
de hace unos días, cuando Calderón reconoce que heredó
de Vicente Fox la encomienda para darle a La
maestra
lo que pidiera, dinero extremo para su sindicato,
por no decir que para ella; los puestos que eligiera,
los recursos de movilización y acción, sin recato,
olvidándose de la educación pública y de todo.
Pero
a Elba Esther, la mejor y más completa figura de la
tradición carrancista, huertista, del triunvirato
y el echeverrismo, entre otros, se le pinta como bruja,
enseñando el busto y un abultado vientre desnudo que
circula por las redes, sin antes pedir cuentas, indignarse
con fuerza por el desgobierno y la mentira en que
vivimos.
¿Qué
hay detrás? Una fácil: Yunes que es un delincuente
es simplemente un traidor y la va a pagar ¿Alguien
cree que sabremos del mal manejo de recursos en el
ISSSTE? ¿O existe la voluntad política por limpiar
de corrupción a este país? O son simples pasajes visuales
y auditivos de la desvergüenza y el cinismo, de la
paradoja y el festín más tremendo que nos agobia,
tal vez es una simple estrategia mediática para diluir
el reclamo por 8 mil despidos en Mexicana de Aviación,
quizá los 45 mil echados a la calle del Sindicato
Mexicano de Electricistas o para que veamos como cosa
de estadística la matazón en Monterrey y las 10 cabezas
que rodaron en Torreón, durante el fin de semana,
de siete hombres y tres mujeres.
¿Quién
patrocina este nuevo escándalo? Que ha llevado a las
primeras planas por 72 horas esta nueva mascarada,
que quedará en los diarios como historia, porque al
mejor estilo del viejo priísmo se paró la difusión
por órden presidencial. En fin que no tiene fin, ni
explicación ni nada, que esto pase frente a nuestros
ojos, sin respuesta, sin levantamiento o reclamo,
ni rendición de cuentas, sin indignación.