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Dinero
negro en México
Carlos
Fazio / Prensa Latina
cfazio@laneta.apc.org
Cada
año, entre 19 mil y 29 mil millones de dólares
son introducidos de manera ilegal al territorio mexicano desde
Estados Unidos. Ese monto es producto de pagos por drogas,
secuestros, extorsiones y tráfico de migrantes que
reciben los cárteles de la economía criminal.
Y según un reporte binacional divulgado por autoridades
estadunidenses, casi 50 por ciento de las ganancias de los
cárteles mexicanos se lavan a través
de distintos circuitos del sistema financiero local.
Es decir, un volumen considerable de "dinero negro"
termina disfrazado de recursos legales en la banca, lo cual
impide su rastreo y decomiso. De ser correcta esa evaluación,
el ingreso de dinero mafioso al país sería superior
al de la industria del turismo, y estaría apenas por
debajo de las divisas por la venta de petróleo y la
entrada de remesas. Aunque cabría considerar que dentro
de los 20 mil millones de dólares promedio que ingresan
como remesas al país, una buena parte corresponde también
a actividades ilícitas.
La Asociación de Bancos de México aceptó
la vulnerabilidad del sistema financiero local. No obstante,
el presidente de la ABM, Ignacio Deschamps, argumentó
que el narcodinero llega en forma lícita, debido
a que muchos bienes y servicios se pueden vender en dólares
en el mercado, y las empresas, de manera legal, los pueden
depositar en sus cuentas en el sistema financiero mexicano.
De acuerdo con el informe denominado Estados Unidos-México:
estudio binacional de bienes ilícitos, difundido
en esta capital por John Morton, subsecretario del Departamento
de Seguridad Interna del Servicio de Inmigración y
Aduanas (ICE), Chicago, Nueva York, Charlotte, Atlanta y Los
Ángeles son las principales áreas donde los
cárteles mexicanos recolectan sus ganancias.
Otras ciudades que integran la ruta del dinero, que es movido
en cantidades pequeñas para facilitar su tránsito
hacia México, son Phoenix, Tucson, El Paso, Dallas
y Houston. Del lado mexicano, las principales plazas de blanqueo
de dinero sucio son Culiacán, Monterrey, Guadalajara
y el Distrito Federal.
Cuando en diciembre de 2006 el presidente mexicano, Felipe
Calderón, decretó la guerra a los cárteles
de la economía criminal, puso énfasis en la
recuperación de territorios controlados por las mafias.
Sin embargo, más de tres años después,
del envío del Ejercito a gran parte del país
no ha dado resultados positivos y ha quedado demostrado que
el combate armado es insuficiente.
Queda claro, también, que los decomisos de armas, precursores
químicos y drogas no impiden que millones de dólares
sean lavados a través de operaciones denominadas
de cuello blanco.
Al respecto, llama la atención que ningún banquero
o empresario de nivel haya sido detenido en el marco de la
presunta guerra a la criminalidad. Asimismo, se ha denunciado
que los bancos y otras instituciones privadas permiten transacciones
a todas luces irregulares o donde no siempre se acredita la
procedencia legal de los recursos que ingresan a sus arcas.
Como ha señalado el experto Edgardo Buscaglia, desde
la imposición de los regímenes neoliberales
en los años ochenta, se practica en México un
"capitalismo de cuates mafiocrático".
Es decir, sobre el desmantelamiento del Estado se fomentaron
negocios privados de alto rendimiento y sin control regulatorio
alguno, sin importar desde dónde proviniera el dinero
y hacia dónde iba, y si era legal o ilegal. En ese
contexto, además de las drogas, otros 21 tipos de delitos
están tipificados, como por ejemplo el contrabando,
la piratería, la pornografía infantil, el tráfico
de armas, la industria del secuestro, la extorsión
y el tráfico de seres humanos. Según Buscaglia,
el crimen organizado es la "cara sucia" del Estado
y del sector empresarial.
O de otra manera, la criminalidad actual creció con
un pie en la vieja clase política y la clase empresarial.
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