Julio de 2010
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Dinero negro en México

Carlos Fazio / Prensa Latina
cfazio@laneta.apc.org

Cada año, entre 19 mil y 29 mil millones de dólares son introducidos de manera ilegal al territorio mexicano desde Estados Unidos. Ese monto es producto de pagos por drogas, secuestros, extorsiones y tráfico de migrantes que reciben los cárteles de la economía criminal. Y según un reporte binacional divulgado por autoridades estadunidenses, casi 50 por ciento de las ganancias de los cárteles mexicanos se lavan a través de distintos circuitos del sistema financiero local.
Es decir, un volumen considerable de "dinero negro" termina disfrazado de recursos legales en la banca, lo cual impide su rastreo y decomiso. De ser correcta esa evaluación, el ingreso de dinero mafioso al país sería superior al de la industria del turismo, y estaría apenas por debajo de las divisas por la venta de petróleo y la entrada de remesas. Aunque cabría considerar que dentro de los 20 mil millones de dólares promedio que ingresan como remesas al país, una buena parte corresponde también a actividades ilícitas.
La Asociación de Bancos de México aceptó la vulnerabilidad del sistema financiero local. No obstante, el presidente de la ABM, Ignacio Deschamps, argumentó que el narcodinero llega en forma lícita, debido a que muchos bienes y servicios se pueden vender en dólares en el mercado, y las empresas, de manera legal, los pueden depositar en sus cuentas en el sistema financiero mexicano.
De acuerdo con el informe denominado Estados Unidos-México: estudio binacional de bienes ilícitos, difundido en esta capital por John Morton, subsecretario del Departamento de Seguridad Interna del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), Chicago, Nueva York, Charlotte, Atlanta y Los Ángeles son las principales áreas donde los cárteles mexicanos recolectan sus ganancias.
Otras ciudades que integran la ruta del dinero, que es movido en cantidades pequeñas para facilitar su tránsito hacia México, son Phoenix, Tucson, El Paso, Dallas y Houston. Del lado mexicano, las principales plazas de blanqueo de dinero sucio son Culiacán, Monterrey, Guadalajara y el Distrito Federal.
Cuando en diciembre de 2006 el presidente mexicano, Felipe Calderón, decretó la guerra a los cárteles de la economía criminal, puso énfasis en la recuperación de territorios controlados por las mafias. Sin embargo, más de tres años después, del envío del Ejercito a gran parte del país no ha dado resultados positivos y ha quedado demostrado que el combate armado es insuficiente.
Queda claro, también, que los decomisos de armas, precursores químicos y drogas no impiden que millones de dólares sean lavados a través de operaciones denominadas de cuello blanco.
Al respecto, llama la atención que ningún banquero o empresario de nivel haya sido detenido en el marco de la presunta guerra a la criminalidad. Asimismo, se ha denunciado que los bancos y otras instituciones privadas permiten transacciones a todas luces irregulares o donde no siempre se acredita la procedencia legal de los recursos que ingresan a sus arcas. Como ha señalado el experto Edgardo Buscaglia, desde la imposición de los regímenes neoliberales en los años ochenta, se practica en México un "capitalismo de cuates mafiocrático".
Es decir, sobre el desmantelamiento del Estado se fomentaron negocios privados de alto rendimiento y sin control regulatorio alguno, sin importar desde dónde proviniera el dinero y hacia dónde iba, y si era legal o ilegal. En ese contexto, además de las drogas, otros 21 tipos de delitos están tipificados, como por ejemplo el contrabando, la piratería, la pornografía infantil, el tráfico de armas, la industria del secuestro, la extorsión y el tráfico de seres humanos. Según Buscaglia, el crimen organizado es la "cara sucia" del Estado y del sector empresarial.
O de otra manera, la criminalidad actual creció con un pie en la vieja clase política y la clase empresarial.

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