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Grillos,
censura y Monsiváis
Jorge
Meléndez Preciado
jamelendez44@gmail.com
Casi
al finalizar los homenajes a Carlos Monsiváis -fueron
varios- encontramos declaraciones de tres ilustres compadres:
Fernando Gómez-Mont, Arturo Chávez al cuadrado
y Carlos Pascual. El trío hablando de cómo deben
realizar su trabajo los medios de difusión; en buen
romance, pretendiendo fijar los límites de las informaciones
y la libertad de expresión.
El más enfático fue el secretario de Gobernación,
Gómez-Mont, quien no es la primera vez en señalar
qué y cómo debe escribirse la historia de uno
de los flagelos que padecemos, la violencia.
El también abogado empresarial dijo que debemos precisar
"lenguaje y calificativos en asuntos" delictivos.
Es decir, se intenta erigir en académico de la lengua,
profesión envejecida y desacreditada hace años
(Nikito Nipongo en la memoria).
Si bien aceptó (faltaba más) que nadie puede
silenciar a los medios, apuntó que "el dilema
es cómo contar historias de violencia". En eso
tiene razón, no es lo mismo hacerlo desde Los Pinos
con base en "vamos ganando" o "es un pleito
entre cárteles donde el 90 por ciento son víctimas
de pandillas" o "son pocos los daños colaterales",
verdaderas engañifas, a reclamar por los niños
Bryan y Martín Almanza Salazar, los muchachos del Tec
de Monterrey o los jóvenes de Salvárcar, entre
muchos otros asesinados por la violencia delincuencial y hasta
oficial (CNDH, en el primer asunto).
Casi al final, el muy cercano amigo del desparecido Fernández
de Cevallos planteó: el gobierno tiene "limitada
capacidad para comunicar estrategias de comunicación"
(sic repetitivo e inexacto). Y en eso no le falta razón,
pero de ello son responsables un equipo oficial lamentable,
la incoherencia en las declaraciones entre lo que se dice
y hace (reciente caso en la colonia Roma donde se aseguró
por parte de la Marina que se incautaron explosivos peligrosos
y la encargada de la SIEDO en la PGR, Maricela Morales, aseguró
que sólo fue glicerina; hay ejemplos al por mayor).
Por lo tanto, hay demasiada tela para ironizar, algo que a
Carlos Monsiváis le hubiera ilustrado su optimism.
El señor procurador, tan diligente en todos los asuntos
(el caso de la guardería ABC como paradigma) anotó
que los medios han informado puntualmente lo que ocurre. No
le quedaba de otra dada la cortedad de sus luces, que se encuentra
siempre agazapado en sus oficinas y que no da pie con bola.
Recuérdese el trabajo lamentable que hizo su vocero,
Ricardo Nájera, para explicar cómo había
ocurrido la tragedia en el Tecnológico de Monterrey.
Parecía film de Los tres chiflados, donde ni
los proyeccionistas, ni los encargados del Ejército
ni el propio Nájera se ponían de acuerdo. Es
más, cada uno refutaba al otro o quería iniciar
desde cero la explicación gubernamental. A fin de cuentas,
la nada privó en el ambiente, exhibiendo que ni meses
después de un acontecimiento hay una explicación
coherente.
Para no quedarse atrás, el procónsul yanqui
en nuestro país, un conocedor de Estados fallidos,
según dicen, fue desatinado en sus apreciaciones.
Lamentó, es cierto, los crímenes por parte de
la Border Patrol lo mismo de Sergio Hernández que Anastasio,
del mismo apellido pero sin relación familiar, y aseguró
que se haría justicia, algo extraordinario de ocurrir,
pues hasta el momento ningún homicidio de compatriotas
en USA ha sido sancionado, dando a entender que la policía
yanqui es parecida a la mafia: no hay castigo a los responsables
de ninguna muerte.
Pero, oh dioses del Olimpo, dijera Catalina Noriega, comentó
que el asunto no era tan grave como las jornadas vividas el
11 y 14 de junio en México, donde no importando el
campeonato mundial de patabola, el número de fallecidos
superó todos los récords.
El cubanoyanqui, seguramente no entiende que un solo homicidio
sin responsable detenido y enjuiciado es una muestra del Estado
fallido, pues el espíritu de las leyes (tan caro a
John Rawls) está transgrediéndose, por lo que
se impulsa a transgredir las normas legales si no hay sanción.
Por eso en la nación de Pascual, sobre todo en Nueva
York con Giuliani, se tiene como dogma no permitir ni siquiera
una ventana rota con el objeto de preservar el orden a como
dé lugar.
Si el señor embajador desestima a los mexicanos caídos
allá como un mal menor o daños colaterales,
seguramente ya se adaptó a México y hace analogías
sin sentido, algo que en EU le hubiera traído la crítica
de la prensa e incluso su posible destitución.
El genio de la Portales ya no pudo recoger en su columna Por
mi madre, bohemios, esas auténticas perlas
e ironizar acerca de las mismas. Una muestra que su espíritu
como el de su tocayo Montemayor, Bolívar Echeverría
y hasta el del recientemente fallecido Jesús Álvarez
Amaya, impulsor del combativo TGP, nos harán mucha
falta.
Mas si vimos como las instituciones se peleaban el cadáver
de Monsi, un hombre que supo contemporizar con todos
(Granados Chapa lo anota muy bien en su artículo de
Reforma, 22 de junio).
Pero lo más grotesco de todo es que a los perredistas,
entre ellos Jesús Zambrano, al preguntarles qué
libro recordaban de Carlos, no supieron nada. Lo mismo sucedió
en Facebook, donde los internautas simplemente anotaban
tonterías.
¡Ay Carlos!, de verdad tu más reciente obra fue
profética, nos dejaste en el Apocalipstick.
Ojalá tus lecciones, tan necesarias, no sean Amor
perdido. Necesitamos poner La mirada en el centro o cuando
menos seguir Los rituales del caos.
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