Pemex
y sus trabajadores de confianza
José
Sobrevilla /
Noticias del Empleo
sobrevill@yahoo.com.mx
A
casi cinco meses de haber sido separada de su trabajo,
al parecer de manera arbitraria, la ingeniera química
Silvia Ramos Luna, y anteriormente 27 de sus compañeros,
en represalia por pretender crear un sindicato para
personal de confianza en Pemex (Sindicato de Técnicos
y Profesionistas Petroleros), nada se sabe.
Secreto
a voces es que en México los medios no pueden decir
la verdad de ciertos temas, a riesgo de perder espacios
publicitarios que contratan empresas poderosas como
Petróleos Mexicanos y Teléfonos de México, por ejemplo.
Sin embargo, en su oportunidad (26-V-11), el despido
de Ramos Luna fue ampliamente revisado por Ana Lilia
Pérez de la revista Contralínea
(número 234); medio que ya había sido proscrito, entre
otras cosas, por haber difundido la corrupción en
Pemex.
Es
evidente que los distintos gobiernos hablan de que
en México la libre exposición de las ideas está garantizada
por la Constitución y sus administraciones; sin embargo,
en los hechos somos testigos de los aniquilamientos
mediáticos como el de los trabajadores de confianza
de Pemex en sus intentos de conformarse en un sindicato
independiente. En su historia, la única oportunidad
de constituirse legalmente se las dio el régimen echeverrista
pero como parte del Sindicato de Trabajadores Petroleros
de la República Mexicana, STPRM, hoy en manos de Carlos
Romero Deschamps.
El
pecado laboral de la ingeniera Ramos Luna ha sido
ni más ni menos: encabezar un grupo de ingenieros
afiliados a la Unión Nacional de Trabajadores de Confianza
de la Industria Petrolera (UNTCIP) en la promoción
de un juicio de nulidad por las irregularidades en
los Contratos de Servicios Múltiples (CSM) en Pemex,
lo que lograron apoyados entonces por el constitucionalista
Ignacio Burgoa Orihuela, hoy finado.
En
la actualidad y a raíz de esta lucha, al parecer,
este tipo de contratos fueron suspendidos por la Suprema
Corte de Justicia de la Nación y la Auditoría Superior
de la Federación (ASF), sin embargo las represalias
al grupo de trabajadores de confianza y profesionistas
de Pemex continúan.
No
es menor el problema si consideramos que, el 14 de
noviembre de 2003 –como se denunció– fue firmado un
Contrato de Obra Pública sobre la Base de Precios
Unitarios (CSM) entre Pemex Exploración Producción
y Repsol Exploración México, SA de CV, por $2,437,196,256
dólares (dos mil cuatrocientos treinta y siete millones,
ciento noventa y seis mil doscientos cincuenta y seis
dólares) con una vigencia del 9 de enero de 2004 al
8 de enero de 2024, en el cual Repsol Exploración
rubricó como obligado solidario.
Ante
los juzgados de distrito en materia civil del Distrito
Federal, el 29 de abril del 2004, la UNTCIP presentó
una demanda de nulidad absoluta del contrato mencionado,
por ser violatorio al artículo 27 constitucional.
El
argumento de los trabajadores de confianza y profesionistas
de Pemex fue simple: ninguna ley secundaria puede
estar por encima de la Constitución, “que es lo que
se pretende con las modificaciones que se realizaron
mediante la mal denominada reforma energética que
Felipe Calderón presentó en la Cámara de Senadores
y que fue avalada por ésta”.
Señala
Ana Lilia en Contralínea
que finalmente, a consecuencia del ultimátum judicial
contra la Oficina del Abogado General, OAG, de Pemex,
el 20 de mayo de 2010 Silvia Ramos fue reinstalada;
sin embargo, “cuando pugnaba por los salarios caídos
que la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje reconoció
en su favor, le notificaron de una investigación administrativa
que el Órgano Interno de Control (OIC) en la Secretaría
del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat),
abrió en su contra por supuesto conflicto de intereses
y por “desprestigiar a Pemex”. La demanda fue promovida
por la OAG y la oficina del exprocurador Patricio
Patrón Laviada”.
El
conflicto cobra relevancia por sus actores, pero sobre
todo si consideramos lo que está en juego: Tan sólo
en 2007, antes del pago de impuestos, Pemex ganó 660,152
millones de pesos, pero pagó por impuestos 676,278
millones de pesos; es decir: 16,126 millones de pesos
más de lo que ganó, argumenta la Unión Nacional de
Trabajadores de Confianza de la Industria Petrolera
AC, y contra eso no hay empresa que pueda ser competitiva.
Esto sin contar el abandono que ha tenido la petroquímica
básica, a raíz de la propuesta del Partido Acción
Nacional de privatizar la refinación del petróleo
y la petroquímica básica, propiamente dicha, mediante
la modificación de los artículos 27 y 28 constitucionales.